mar. Oct 23rd, 2018

#SubidaVeletaContraEla_La Carrera

Las vacaciones eran más esperadas que nunca. La desconexión desde el día 6 de agosto era casi obligada. Hoy justo hace un mes de uno de los días más bonitos de mi vida.  Y este post llega tarde, pero era necesario. ” #SubidaVeletaContraEla_La Carrera ” , está escrito para no olvidar NUNCA. Está escrito para mí. Y por supuesto, para todo aquél que lo quiera leer.

Tengo demasiadas cosas bonitas almacenadas en mi cabeza. Imágenes imborrables… Palabras que susurran a mi oído… Caras amigas… Sonrisas que me llenan de energía… Gestos cariñosos…  Y abrazos, muchos abrazos. Quisiera poder retenerlo todo  como si de una película se tratara, y que mi cuerpo erice entero de emoción cada vez que recuerde aquél día.

Ya os conté aquí por qué decidí hacer esta carrera. Y recuerdo hacerlo muy asustada. Poco después os hice partícipes de la ilusión con la que me estaba preparando, en un post lleno de esperanza y repleto de gente que me ayudó a hacer posible mi sueño…

Pero recuerdo también, que en el momento de escribir aquéllos artículos, no tenía ni idea de cómo acabaría todo ésto. Y estaba nerviosa, no nos engañemos.

Compartí en redes sociales mis entrenamientos, mis expectativas, mis miedos y todos mis sentimientos. Y decidí hacerlo porque no podíamos olvidar el objetivo principal de este reto: Dar visibilidad a la ELA y recaudar fondos para su investigación. Pero había algo más. Este era mi reto personal contra esta maldita enfermedad. Mi reto personal por mi amigo Jorge Abarca. Porque se lo debía. Y eso, irremediablemente significaba, que mi implicación iba a ser absoluta, y mi deseo de conseguirlo, una obsesión. Pues sí, R E C O N O C I D O.

Y mi mensaje llegó. Fueron muchas mis publicaciones compartidas, muchos los comentarios de ánimo, muchas palabras que me llegaron al alma y muchas donaciones de maravillosos corazones solidarios. La gente se volcó. Como no podía ser de otra manera. Pues Jorge y su causa, MERECEN LA PENA.

Aquéllo me hizo tremendamente feliz. Pero he de confesar que también me cargó de una responsabilidad extra. Tanta gente pendiente de tí y de tu reto, hace que aflore en tí el sentimiento de no querer defraudarles. Inevitable.

Mi último entreno en Sierra Nevada. 12 kms coronando El Veleta. La carrera ya estaba cerca

 

Y llegó el día. Y todas aquéllas muestras de cariño, y todos aquéllos mensajes enviados directos a mi corazón, se venían conmigo al Veleta. Y os juro que durante toda la carrera, rondaron sin cesar por mi cabeza para darme fuerza.

Me levanté a las 5 a.m. llena de energía. La charla con Jorge y su mujer la tarde anterior, me dispensó todo lo que necesitaba. Y de verdad, vaya horitas, pero yo tenía muchas ganas!

Desayuno listo, los nombres de mis hijas tatuados en mis brazos, Jorge conmigo, y un corazón, una cabeza y unas piernas (por ese orden), preparados para la batalla.

Eran las 6:45 am y el paseo del salón de Granada ya estaba ambientado por corredores, acompañantes, y organizadores. Charlie me acompañó a la zona de salida. Los nervios ya estaban a flor de piel, y tenerlo a mi lado me ayudó mucho. A él le debo el 50% de esta carrera. Por apoyarme desde el minuto uno, por confiar en mí y en mis posibilidades para lograr mi reto. Por acompañarme en entrenos a pesar de sudar la gota gorda y sufrir de lo lindo con tanta cuesta. Y por estar siempre con mis niñas en mis ausencias.

 

Nos despedimos, me deseó mucha suerte y acordó subir más tarde en coche para estar en varios tramos del recorrido por si yo necesitaba algo.

Pasados unos minutos de las 7 de la mañana, sonó el pistoletazo de salida y mientras yo salí a correr por todos aquéllos que no pueden, Charlie colgó en facebook esta foto con un mensaje que leí por la tarde y que me emocionó tanto como todos los que vi aquélla noche que me sentí tan feliz. Mi perfil de Facebook ardía con mensajes maravillosos. MIL GRACIAS!

 

Mis amuletos. La pulsera del camino a Santo Toribio de Liébana por la ELA, que me trajo mi hermano Ignacio, la pulsera del Camino a Santiago que me trajo Jorge y la que mis niñas, Charlie y yo, llevamos juntos este verano. Nuestra pulsera de la suerte.

No suelo correr con gps. Nunca estoy pendiente de los tiempos. Yo soy de las que corre para disfrutar sin aspirar a más. Pero aquélla mañana llevé mi reloj para controlar un poco. Había hecho varios tramos de la carrera para tantearme. Los tiempos de corte, para una corredora como yo…eran exigentes. Como sabéis, resistencia tengo para un rato, pero rápìda no soy. Y esta carrera en continua subida y con un desnivel positivo de 2.800 metros puede jugarte una mala pasada.

Así que lo que yo quería controlar era NO ir rápido. Rápido para mí, claro. Porque ya sabéis que puedes dejarte llevar por la euforia, salir fuerte al inicio y fastidiarla. Sabía que íbamos a pasar de 600 metros a 3.300 aproximadamente, y tenía que medir mis fuerzas.

Efectivamente,  comprobé en seguida que iba a 5:15’/km sin darme cuenta, y bajé el ritmo hasta estancarme en los 6’/km, incluso algo más. Ya sabía que con ese ritmo, en los primeros 10 kms me ganaría unos minutillos de regalo para el resto, y afrontaría mejor la carrera cuando se pusiera fea.

Tenía la sensación de retener demasiado, de quedarme la última, pero pronto me dí cuenta que actué de forma correcta. Cuando a partir del km 10 comenzó la subida que ya sería una constante, aprecié lo cómoda que iba. De hecho comencé a adelantar corredores que ya caminaban desde el km 15.

Corría sóla. Y pensaba que así sería hasta llegar al km 38 en La Hoya de La Mora.

No quería llevar ni mochila ni cinturón. Cuanto más ligera mejor. Confié en los avituallamientos que eran muchos. Sin embargo 4 kms se pueden llegar a hacer interminables en esta carrera y en pleno Agosto, y empecé a darme cuenta de ello.

Pero entonces apareció sin esperarlo mi primer Ángel de la Guarda.

Javier Ortiz llevaba mucho tiempo sin correr con nosotros. Llevaba mucho tiempo sin verlo. Siguió de cerca mi reto en las redes, y me apoyó mucho, pero no, no lo esperaba. Y desde el km 18 se quedó conmigo hasta el 30.

Llevaba un bote para mí y otro para él. Cada vez que veía a Charlie iba a reponer y los llenaba de agua muy fría. Me dio la misma vida. 

Al llegar al Dornajo, Javi me dijo que eran las 10:15… “Las 11:15?” pregunté … “No, no, Ñusi, las 10:15, vas de escándalo!”

Nunca hubiera imaginado todo lo que iba a suceder después…Mi reto personal contra la Ela, se convirtió en el reto de muchos…

Nuestro arapahoe “Tatoo” también apareció. Otra alegría en el camino. Se unió en el Km 25 hasta la Hoya de La Mora en el 38, y  mis dos compañeros se encargaron de hidratarme  y de recordarme la toma de Totum Sport cuando me tocaba.

Se aseguraban de que fuera yo quien marcara el ritmo y no ellos, y no dejaban de dedicarme palabras de ánimo y fuerza. Me llevaron en volandas.

 

Con Javi y Tatoo, no tengo palabras de agradecimiento. Siempre estará en mis recuerdos.

 

Después de Tatoo, fueron Concha Alfaro y su marido los que aparecieron, qué agradable sorpresa, y me acompañaron hasta pocos kilómetros antes de coronar el Veleta.

Mi amiga y compañera de batallas Esther (de Vivir en La Pirámide) también se unió unos kms a este súper equipo después de darme aquél abrazo que no olvidaré jamás.

Unos venían, y otros se iban, pero entre todos consiguieron no dejarme sóla.

Con Esther, ella iba muy fresca y yo con las patillas ya muy reguleras 😉 En la foto… reponiendo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.