jue. Jun 20th, 2019

Un bonito cadáver

Después de leer el librito de Murakami «De qué hablo cuando hablo de correr» (yo me lo compré, pero está por ahí por la red en PDF), llegué a la conclusión de que todos los que corremos utilizamos ese rato a solas para lo mismo: para darle vueltas al coco e, incluso, tomar alguna decisión.

A mí se me vienen a la cabeza muchas cosas durante el entrenamiento y no huyo de ninguna, les doy vueltas y las hago llegar a algún sitio para hacerlas desaparecer si es necesario y si se puede.

Uno de mis pensamientos recurrentes, del que no escapo porque no acaba de tener solución, es una frase que leí en un artículo del National Geographic en algún mullido sillón de alguna rica sala de espera de algún dentista. En él, un biker aventurero contaba sus cuitas en un viaje que lo llevaba a cruzar Australia. En algún momento del viaje se cruza en pleno desierto con un pastor o similar (igual era alguno de los Hermanos Koala) que, después de algún tipo de charla intrascendente acaba la conversación con una frase que intentaba ser tranquilizadora para el viajero:

No te preocupes, cuando encuentren tu cadáver yo diré que te ví pasar por aquí.

Como mis salidas suelen ser siempre por caminos de alrededor del pueblo, voy solo la mayoría de las veces y la mayoría de las veces pienso lo lejos que estoy para volverme andando o arrastrándome en caso de algún accidente. Así que siempre procuro saludar al cazador, agricultor, paseante o guardia rural que se me cruza, cuando se me cruza. Más que nada para que, cuando encuentren mi cadáver roído por los conejos, alguien pueda decir que me vió pasar por allí.

Hay que ser educado, hombre.

 

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