sáb. Ago 24th, 2019

Objetivo 1 de X: Media de Almodóvar del Río

Uno admite esta situación como un verdadero regalo. Salir a entrenar a menudo, prácticamente a diario, con varios días de running, hasta tres de bici, dos de piscina y la familia acompañándote también a alguna prueba dominical, sea un tri en la playa o una carrera cerca de casa. En fin, un sueño.

Pero un sueño del que, en cualquier momento, uno puede despertarse de sopetón. Ya viene uno de ese otro momento vital en que todo era, tenía que ser, otra cosa.

Por eso el objetivo alcanzado de ayer domingo es 1 de x, donde x tomará el valor que se pueda, que es tan incierto como deseado.

Fue la segunda vez que hacía esta carrera, sin poder acordarme del año de la primera ni, por supuesto, el tiempo que hice, pero de aquella otra vida de hace unos años pasa como dice Javier Marías de las cosas que le ocurren a uno cuando vive en un país extranjero: con el tiempo, parece que no te hayan ocurrido a ti.

Mi carrera fue magnífica. No sólo porque acabé entero y sin lesionarme, sino porque al mismo tiempo cumplí tres objetivos: acabar en 1:40 (los 51 segundos no vienen al caso), meter12 kilómetros en una hora (exactamente en 57 minutos) y batir mi record personal en los 13 kilómetros (tengo una fijación concreta con esta medida), que los hice en 1:02, quitándole 7 minutos a mi mejor tiempo en entrenamientos: una marca de otra galaxia.

Hasta ese kilómetro 13 mantuve un «trote» a ritmo alto y siempre por debajo de 5 minutos por kilómetro, pero sin poder pegarme a un grupo de ritmo similar al mío o al menos a un compañero al que llevar o que te lleve. Creo que aquí intento mimetizar el comportamiento en grupo cuando voy en bici de carretera, que tan bien nos va cuando estamos fuertes y lo buscamos para avanzar rápido, pero no sirve para el running ni la gente lo provoca en carrera. De hecho, intente seguir el rebufo de un veterano un par de kilómetros pero se debió sentir molesto, por un par de gestos que hizo durante ese rato, hasta que decidí dejarlo, o el decidió quedarse.

Poco antes me había tomado un gel de hidratos de carbono que me iba dando ganas y chispita y aproveché que me pasó como un tiro otro veteranísimo corredor para intentar seguirlo y ver si podía aguantarle el ritmo que llevaba. El tipo no intentó dejarme, no iba a tirones de ningún tipo, si acaso de forma progresiva aumentando el ritmo, pero muy constante y muy fuerte. Yo no me creía cómo iba y sólo el biceps femoral izquierdo me recordaba con pinchazos que iba casi al límite, pero me mantenía a base de postura, técnica de carrera y respiración abdominal.

Antonio, mi veterano báculo, me arrimaba agua y me preguntaba, sólo de vez en cuando, cómo iba. Me sentía acompañado, pero nunca pensé que fuese a aguantarle hasta el final. Yo a él lo veía muy fuerte y capaz de dejarme en cuanto quisiera. Apretó en una pequeña subida a dos kilómetros de meta, pero me dí cuenta de que también él iba con lo puesto: llegaríamos juntos.

A 15 metros de la llegada, aflojé para permtir que Antonio entrase justo antes que yo, pero lo hicimos en el mismo tiempo. Se volvió para preguntarme «¿Qué tal?» y yo le dí sinceramente la gracias, creo que tres veces.

Aunque nunca nos acordamos del tiempo de un año para otro y siempre hace más calor éste que el anterior, creo sinceramente que ésta del domingo fue una de las carreras más bonitas que he hecho nunca.

¡Ah, y gracias Antonio, de nuevo!!

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