lun. Dic 9th, 2019

Mi primer maratón – Maratón Barcelona 2012 – por Javier Gonzalez

LA IMPORTANCIA DE MADRUGAR. Son las ocho y cuarto de la mañana pero debido al cambio horario acaba de amanecer y la gente salta, canta y aplaude; la tensión, el gesto serio y la mandíbula apretada quedan para las primeras líneas de la salida, pero en el último cajón, desde el que sale la gente que aspira a terminar la maratón en más de cuatro horas el ambiente es de fiesta. Me uno a ella y mientras salto y grito me aseguro de que todo está en su sitio: dos pequeños bidones con bebida de electrólitos, cinco geles, el dorsal con mi nombre, el chip sujeto en la tobillera. Suena “Corren” de Gossos mientras la multitud de runners avanza lentamente hacia el arco de salida; el crono oficial marca quince minutos cuando, por fin, empieza la carrera para mí. Me despido de Ángel que, con buen criterio, decide que no tiene sentido empezar la carrera a un ritmo de 5,40 minutos el kilómetro, él puede correr mucho más rápido; yo opto por un ritmo lento, no quiero arriesgar pues me preocupa la lesión de la banda iliotibial que arrastro desde hace un mes y que no me ha permitido en este tiempo ni hacer tiradas largas ni emplearme con intensidad en las series.

LA IMPORTANCIA DEL PLAN. La maratón necesita un plan y yo tengo la suerte de contar, desde hace tres años, con la ayuda de Ana Casares y el equipo de AC Entrenamientos. Cada mes me envía un cuadro con los entrenos previstos, consejos nutricionales y de técnica y táctica de carrera. Ana había preparado detalladamente mi plan de entreno para esta carrera y durante los meses de enero, febrero y marzo, casi siempre de noche y muchas veces acompañado de la lluvia, la nieve o el viento, lo seguí con absoluta fidelidad en sesiones de cinco días a la semana durante los que se sucedían sesiones de cadencia a ritmo de carrera, series rápidas, técnica de carrera, rodajes recuperadores y tiradas largas. A punto de acabar la fase más dura de la preparación, la banda iliotibial de mi rodilla izquierda se rebela, surgen entonces las dudas, el miedo a que todo el trabajo sea inútil; descanso una semana y encaro los últimos veinte días cuidándome mucho y aprendiendo a gestionar el dolor; por eso esta mañana, con el desayuno, me encomendé al ibuprofeno, además en el cinturón de hidratación llevo una cincha rodillera para el caso en que aparezca el dolor. Ya estamos en el kilómetro 8, acabamos de pasar por la puerta del hotel y allí me esperaban Titi, Binyam y Eyob (con el resto del equipo, Jorge, Uge, Alba, Elvira y Concha)…verlos me motiva mucho y sigo corriendo fiel a mi estrategia: no bajar nunca el ritmo de 5,40 pues con ello tengo asegurado un tiempo inferior a cuatro horas. Eso y no hacerme daño son mis objetivos para esta carrera.

LA IMPORTANCIA DE HIDRATARSE. Es esencial hidratarse bien durante una maratón y su duración aconseja complementar el agua con electrolitos que ayuden a retener fluidos. Desde hace ya varios kilómetros repito la rutina tantas veces entrenada y cada veinte minutos doy un sorbo de mi botellín preparado con vitargo. Pasamos el kilometro 10 en 56 minutos. Es hora de tomar el primer gel sin cafeína y un amable (todos lo fueron) voluntario me entrega una botella de agua, exprimo el sobre y bebo la mitad de la botella. En realidad mi hidratación y alimentación para la carrera empezó el viernes con litro y medio de bebida de hidratos que repetí el sábado, más el agua y zumos correspondientes y para comer pasta, risotto con pescado y pizza y mi desayuno habitual. La zona de avituallamiento parece un campo de batalla, el suelo está tapizado de botellas y tapones de plástico y encharcado…y me acuerdo de los 10 Km de San Mateu, donde todos procuramos tirar los desperdicios en los contenedores que coloca la organización a la salida de los avituallamientos. En las mesas no falta de nada, hay agua, isotónica y geles; también nos ofrecen esponjas con agua para el calor…me encanta el calor y no pienso refrescarme.

LA IMPORTANCIA DEL AMOR. Acabo de pasar el kilómetro 15. Era el punto donde debían esperarme Titi y los niños, pero no los veo, quizá no ha sido buena idea quedar ahí pues había mucha gente y coincide con otro punto de avituallamiento, pero confío en que se hayan situado unos kilómetros más adelante. En efecto, al bajar por Carrer Sardenya los veo y súbitamente mi velocidad aumenta, por lo que debo controlarme para que no se disparen las pulsaciones y no es fácil pues cuando pasamos por la Sagrada Familia, todavía resuenan en mis oídos sus gritos de ánimo y rebotan en mi corazón sus besos lanzados al aire. Son los mismos gritos de ánimo que imagino en mis entrenos, cuando mis piernas me piden parar o me ruegan que no apriete tanto en la próxima serie, pero ahora son reales y tiran por tierra el mito de la soledad del corredor de fondo: yo no corro solo, corro con Titi y con los peques. Ahora subimos por Meridiana, llega el kilómetro 20 y me tomo el segundo gel sin cafeína y me planto en la media maratón en 1:59. Solo falta la mitad, definitivamente el dolor de rodilla no ha aparecido y me siento francamente bien, el sol aprieta, no hay viento y la carrera desciende suavemente hacia el mar. Tomamos nuevamente la diagonal hacia la Torrer Agbar y veo que en la mediana está el carril de hierba sobre el que circula el tranvía y, como un loco, me pongo a correr por él, mis piernas agradecen la amortiguación natural que proporciona el césped y relajo un poco las rodillas. Ya estoy en el kilómetro 28, me paro dos segundos y beso a Titi y a los niños, me preguntan cómo estoy, les grito que no me duele nada y sigo…ha sido mi mejor avituallamiento.

LA IMPORTANCIA DEL CALZADO. 28 kilómetros es la distancia más larga que había corrido hasta hoy, de modo que a partir de este punto entro en territorio inexplorado; avanzo muy pendiente de mis sensaciones y compruebo que mis pies siguen enteros. Las Five Fingers Bikila han sido una gran elección, con sus 4 mm de suela me ofrecen la protección justa, pero me permiten sentir el terreno y me gusta correr así, pegado al suelo y dejando que mis piernas autorregulen su amortiguación natural con la información que, del terreno, reciben mis pies. Me ofrecen relajación y naturalidad, pero a cambio me exigen máxima concentración en mi forma de correr y a lo largo de la carrera repaso mentalmente los puntos clave: inclinación, pisada bajo el centro de gravedad, entrada con el antepié y cadencia con al menos 180 pasos por minuto. Sólo he visto a otro corredor con Five Fingers y, claro está, nos hemos saludado amigablemente; los “pies sucios” somos una tribu pequeña pero bien avenida. Llego al kilómetro 30 y necesito otro gel, ahora con cafeína y mis pies vuelven a empaparse en la zona de avituallamiento, encharcada otra vez por el agua que se les cae a los corredores; no llevo calcetines y he sido generoso con la vaselina en mis dedos pero aun así es de esperar alguna ampolla.

LA IMPORTANCIA DEL MURO. Por mucho que cargues tus depósitos de glucógeno llegará un momento en que se quedarán vacíos y a partir de ahí no queda otro remedio que empezar a utilizar la grasa corporal como combustible. En principio el cuerpo debería estar contento con el cambio pues las grasas son una fuente de energía más eficiente y aportan 9 kilocalorías por gramo frente a las 4 que aportan los carbohidratos; sin embargo descomponer una molécula de grasa requiere cuatro veces más de oxígeno que descomponer una molécula de glúcido y por eso el cuerpo protesta cuando llega ese momento. Es el muro, la pared del maratón. Estoy en el kilómetro 35 y a mi izquierda un corredor saca su teléfono: “Cariño, háblame, no puedo más…lo que sea, dime lo que quieras…no, no quiero pararme…” Decido tomarme otro gel pero no tengo agua, así que cojo una botella de gatorade del suelo y sigo…yo tampoco quiero pararme. Mi ritmo desciende pero en mi cabeza no queda hueco para los pensamientos negativos; no, no voy a parar hasta la meta. Ya estamos en mitad de las Ramblas, kilómetro 39 y pienso que estoy en el Faro y solo me falta volver a casa. Al girar Colón la Avenida del Paral.lel es una fiesta de animación, la gente nos lleva en volandas hasta meta, voy justito y apuro un último gel y pienso que ya lo tengo. Acelero…suena la música levanto mi puño y grito y empiezo a disfrutar de la importancia de cumplir un sueño: ya soy maratoniano.

Maratón Barcelona 2012 - por Javier Gonzalez

1 thought on “Mi primer maratón – Maratón Barcelona 2012 – por Javier Gonzalez

  1. Enhorabuena por tu cronica Javier, me ha encantado como vas detallando la importancia de todo lo esencial en una carrera de larga distancia como esta, sobre todo la importancia del amor, que, a mi juicio, lo más importante de todo, por que sin amor, pocas cosas son posibles.
    Saludos de un futuro «pies sucios», o del «lado oscuro» como le llamamos nosotros.
    @guilleqc

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