dom. Dic 16th, 2018

Garmin Barcelona 2011 – por Santi Soliveres

Garmin Barcelona 2011 - Alberto
Después de haber hecho una media maratón y alguna que otra carrera de 10K, mi siguiente reto era el de preparar un triatlon. Aprovechando que vivo en Barcelona y un amigo, que no se pudo apuntar al de Valencia porque las inscripciones estaban cerradas, se unía a la locura, hace ya unos meses reservamos nuestras plazas para participar en la modalidad sprint.

A partir de ese momento, hemos ido motivándonos el uno al otro, contándonos los entrenamientos que hacíamos cada uno y aprovechando las veces que yo me dejaba caer por Valencia para salir juntos en bici, a correr o ir a la piscina a nadar.

A unos días de la prueba, todavía no teníamos bicis de carretera para competir y dudábamos si cambiarle las ruedas a nuestra mountain bike para al menos poder ir algo más rápido, pero finalmente encontramos una tienda en Valencia en la que las pudimos alquilar. Así pues, el Sábado alrededor de las 13:00 h. subíamos para Barcelona en el coche, con las dos bicis y el resto de material para la carrera. Llegamos directos al pabellón donde recogíamos las camisetas, el neopreno que habíamos alquilado, y demás material para la prueba (pegatinas con el dorsal para el gorro de baño, para la bici, etc.). Nos dimos un paseíllo por los diferentes stands, compramos unos bidones de Powerbar para el día siguiente (nada recomendables, estaban malísimos) y nos fuimos a mi casa a dejar todo. Esa noche, como mi amigo es culé, qué se le va a hacer, no todos los valencianos pueden ser perfectos, nos fuimos al Camp Nou a ver el partido del Barça y al acabar volvimos a mi casa a descansar para la prueba.

La noche, como todas antes de una carrera, con nervios, mal dormir y prontito en pie, si bien hasta las 12:00 no empezaba nuestra modalidad y nosotros hasta las 12:30. Cogimos todo tranquilamente y bajamos en bici a la zona baja de la ciudad, para dejar todas las cosas en nuestro box e inspeccionar un poco el recorrido. La verdad es que el ambiente era espectacular, mientras llegábamos, los de la modalidad olímpica todavía estaban compitiendo y había mucha gente animando y aplaudiendo a los participantes. En el box, un campo de cesped artificial, estaban las zonas para cada participante muy bien delimitadas y las indicaciones de las entradas y salidas de las distintas pruebas muy claras también.

Nos pusimos nuestra equipación, dejamos todo listo y salimos a dar un paseo por la zona de la playa para ver la salida de la prueba de natación, la llegada y alucinar con el estado del mar (olas de 1,5 metros). De hecho, debido a este mal tiempo de mar, cambiaron el recorrido de la prueba a última hora. A las 11:30 cerraban el box, por lo que nos pusimos el neopreno, bebimos unos últimos tragos de agua y cogimos nuestras barritas, para esperar hasta nuestra hora de salida en la playa. Aprovechamos también para calentar algo en el mar, nadando un poquito y probando el agua y lo cómodo que se va con neopreno. La verdad es que es una pasada la diferencia.

A las 12:00 la excitación era máxima, con las primeras salidas de los participantes en la modalidad sprint. Tomamos buena nota de las salidas, y llegamos a la conclusión de que lo mejor era partir desde primera fila, y que luego fuera lo que dios quisiese… La espera se estaba haciendo larguísima, aunque el ambiente en la playa era muy buena e intentábamos relajar la tensión hablando con otros participantes y recordando anécdotas. A las 12:30 mi amigo partía hacia la salida, pues empezaba una ola antes que la mía, y yo me quedaba esperando otros 10 minutos más mi turno. No pude ver su salida, pues estaba preparado para, nada más se vaciara de corredores la salida, ponerme en primera fila.

A las 12:35 ya estaba que me subía por las paredes, intentando imaginar cómo se me iba a dar la parte de natación y por dónde ir. 12:39 y el momento había llegado, se trataba de correr lo más rápido hacia la playa y no pensar mucho, y eso hice. Un pequeño sprint y ya estaba en medio del agua con unas olas iniciales fuertes, un poco aturdido y notando que me costaba algo respirar y que me entraba una sensación de pánico entre la gente apretándose e intentando pasar por encima mío. Tras ese fatal momento inicial en el que pensé más de una vez en abandonar, me dije que por lo menos lo intentaba hasta la primera boya y luego ya decidía qué hacer. Así de mal viví esos momentos iniciales. La verdad es que la parte de natación me costó muchísimo, los brazos se me cargaban, momento que aprovechaba para dar una brazada y volver de nuevo a croll, y no paraba de pasarme gente.

Poco a poco fui completando la distancia hasta que ya podía ver la playa cerquita de nuevo, cosa que me dio ánimos para intentar un último esfuerzo antes de llegar. Al estar cerca de la costa, intenté erguirme, puse los pies en la arena y salí tranquilamente del mar, ni me planteé trotar por la arena hasta las maderas que indicaban el camino hacia los boxes. Bajé la cremallera del neopreno con mucho esfuerzo porque tenía los brazos muy cansados y, mientras caminaba, me quité la parte de arriba del neopreno. A partir de la mitad del recorrido de la primera transición, recuperé un poco las fuerzas y empecé a trotar hasta el campo, llegué y, en menos de 30 segundos me quité el neopreno, me puse el casco, las zapatillas y el dorsal, y salí con la bici.

Pensaba que esta segunda parte iba a sufrir menos, pero la verdad es que las sensaciones tampoco fueron buenas. En ningún momento rodaba a un ritmo cómodo, salvo cuando pude ponerme a rueda de un alma caritativa que se debió compadecer de mí, pero que en vista de que yo no tiraba, al cabo de 3 kilómetros me dejó atrás. En todo momento no dejaban de pasarme tíos que iban como aviones, sin que yo pudiera cogerme a su ritmo. Hacia la mitad de la segunda vuelta (km 15) las piernas, aunque cargadas, me respondieron algo y pude tirar un poco, lo que me valió para adelantar a alguna persona y, sobre todo, encarar con ánimo la parte final, la cual llevaba esperando toda la carrera, porque pensaba que iba a ser donde me sintiera más cómodo. Al fin y al cabo, era lo que más había entrenado. La entrada con la bici fue muy rápida. Fui directo a mi box, dejé la bici y me quité el casco, me tomé un gel que tenía por si acaso lo necesitaba (debía habérmelo tomado en la transición anterior, realmente), bebí el resto del botellín, y salí disparado hacia la zona de running. Usé las mismas zapatillas para la bici que para correr, por lo que no necesité perder tiempo en ese paso.

Nada más empezar a correr, vi que mis piernas respondían como esperaba y el hecho de adelantar a mucha gente que llegaba muy justa a esta parte final, me dio ánimos para continuar a tope. Sin embargo, al pasar por la pancarta del primer kilómetro, bajé un poco el ritmo, porque estaba yendo demasiado rápido y no quería sufrir al final. Aún así, poco a poco seguía adelantando a personas, algunas de las cuales incluso andaban o estaban paradas tomando un respiro. En ese momento, me crucé con mi amigo Alberto, que iba en el sentido opuesto a punto de finalizar la prueba. El hecho de ver una cara conocida y, sobre todo, advertir que iba corriendo sin sufrir, me animó mucho. Llegué a la pancarta del segundo kilómetro, donde había un avituallamiento, cogí algo de agua y seguí con mi ritmo constante.

A partir de aquí, la verdad es que debo reseñar que la organización estuvo muy floja, porque ya no hubo ninguna señalización más de los kilómetros, aunque el recorrido, que atravesaba un parque, era bonito. Así pues, sin referencia alguna (no llevaba tampoco el Garmin encima), no me atrevía a tirar más, por miedo a ir justo al final y seguí con el ritmo que llevaba hasta que al fondo divisé la pancarta de la meta, me aseguré de que era ésta y no un punto intermedio (no sé cómo se me pasó por la cabeza que no fuese la meta, pero hasta pregunté para asegurame) y una vez tuve claro que ése era el final, tiré lo más rápido que pude hasta pasar la meta, esquivando a los corredores que estaban allí parados y pasando de largo el puesto donde dan las medallas de finisher! Luego me dejaron entrar de nuevo para poder recogerla!

Mis sensaciones durante la siguiente hora fueron bastante contradictorias, pues a la alegría de haber acabado, se le unía el regusto amargo de lo mucho que había sufrido durante gran parte de la carrera. Llegados al punto de entrega del neopreno, ya habían colgado los tiempos y mi amigo Alberto vio que había acabado en 1:18:54, un tiempazo con el que ni siquiera soñábamos. Yo no tenia ganas de meterme entre la marabunta de gente, bastante había tenido en el agua, así que nos fuimos al box a recoger nuestras cosas, mientras yo me metía en internet a ver si allí salía la clasificación. No sé porqué, estaban los datos, pero mi nombre no aparecía, lo que me bajó un poco la moral, con lo que había sufrido! Al final, mientras cogía la bici y el neopreno, y Alberto comprobaba en mi móvil la página para darse cuenta de que no figuraba mi nombre, llegó el típico mensaje de texto de la organización, que decía que había hecho 1:16:44. Alberto me miró y me dijo: eres un cabrón! menos mal que habías sufrido! Pero la realidad es que en la segunda transición, él se tomó su tiempo para comerse una barrita, limpiarse los pies para no correr con las típicas pelotitas de goma de los campos de césped artificial dentro de las zapatillas, y hasta se permitió el lujo de charlar con su vecino de box! Si hubiese hecho una transición normal, habría acabado por delante. Pero bueno, eso es lo de menos, lo más importante es que habíamos acabado nuestra primera triathlon con unos muy buenos tiempos, sufriendo con un mar algo cabrón, y con ganas de entrenar más fuerte para probar la distancia olímpica en el futuro.

A la vuelta, a modo de bromas de estas que le gusta gastar a la fortuna, se nos jodió el coche, por lo que tuvimos que esperar a la grúa, que nos llevó hasta el depósito de Martorell. Allí la compañía aseguradora nos tuvo en vilo, porque no quería pagarnos un taxi a Valencia. Al final accedió a llevarnos a Tarragona en taxi y de allí que cogiésemos un tren a Valencia, pero, al no haber plazas en ninguno, el mismo taxi nos acabó llevando a Valencia, llegando a la ciudad a las 00:30, cuatro horas y media más tarde de lo previsto, pero poco importaba. El taxista era un cachondo y el viaje se hizo ameno y, por encima de todo, habíamos disfrutado mucho de la experiencia. Ahora, a pensar en el siguiente reto triatleta y a recuperarme un poco que en unos días tengo la media maratón de Valencia! Alberto se va a Benidorm a repetir triatlón, eso sí que es moral!!

1 thought on “Garmin Barcelona 2011 – por Santi Soliveres

  1. Enhorabuena a los dos! Sois nuestra conexión Valencia-Barcelona! Tiene que ser una pasada un tri con tanta gente y por mitad de Barcelona. Un año tenemos que subir a hacerlo, eso seguro.
    Lo del agobio en el agua y las dudas sobre apretar o no por si no llegas son normales, es tu primer tri y todo es nuevo. Ya verás como en el siguiente la cosa mejora notablemente. Y lo de ponerse en primera fila del agua, si no vas a disputar los puestos de cabeza, quizás es un error. De todas formas con tanta gente aunque te hubieses puesto más atrás te habrían dado igual.

    Enhorabuena a los dos, y cuidado, si correr engancha esto engancha mucho más…

    Un saludo y ya nos veremos!

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