#SubidaVeletaContraEla_La Carrera

Las vacaciones eran más esperadas que nunca. La desconexión desde el día 6 de agosto era casi obligada. Hoy justo hace un mes de uno de los días más bonitos de mi vida.  Y este post llega tarde, pero era necesario. ” #SubidaVeletaContraEla_La Carrera ” , está escrito para no olvidar NUNCA. Está escrito para mí. Y por supuesto, para todo aquél que lo quiera leer.

Tengo demasiadas cosas bonitas almacenadas en mi cabeza. Imágenes imborrables… Palabras que susurran a mi oído… Caras amigas… Sonrisas que me llenan de energía… Gestos cariñosos…  Y abrazos, muchos abrazos. Quisiera poder retenerlo todo  como si de una película se tratara, y que mi cuerpo erice entero de emoción cada vez que recuerde aquél día.

Ya os conté aquí por qué decidí hacer esta carrera. Y recuerdo hacerlo muy asustada. Poco después os hice partícipes de la ilusión con la que me estaba preparando, en un post lleno de esperanza y repleto de gente que me ayudó a hacer posible mi sueño…

Pero recuerdo también, que en el momento de escribir aquéllos artículos, no tenía ni idea de cómo acabaría todo ésto. Y estaba nerviosa, no nos engañemos.

Compartí en redes sociales mis entrenamientos, mis expectativas, mis miedos y todos mis sentimientos. Y decidí hacerlo porque no podíamos olvidar el objetivo principal de este reto: Dar visibilidad a la ELA y recaudar fondos para su investigación. Pero había algo más. Este era mi reto personal contra esta maldita enfermedad. Mi reto personal por mi amigo Jorge Abarca. Porque se lo debía. Y eso, irremediablemente significaba, que mi implicación iba a ser absoluta, y mi deseo de conseguirlo, una obsesión. Pues sí, R E C O N O C I D O.

Y mi mensaje llegó. Fueron muchas mis publicaciones compartidas, muchos los comentarios de ánimo, muchas palabras que me llegaron al alma y muchas donaciones de maravillosos corazones solidarios. La gente se volcó. Como no podía ser de otra manera. Pues Jorge y su causa, MERECEN LA PENA.

Aquéllo me hizo tremendamente feliz. Pero he de confesar que también me cargó de una responsabilidad extra. Tanta gente pendiente de tí y de tu reto, hace que aflore en tí el sentimiento de no querer defraudarles. Inevitable.

Mi último entreno en Sierra Nevada. 12 kms coronando El Veleta. La carrera ya estaba cerca

 

Y llegó el día. Y todas aquéllas muestras de cariño, y todos aquéllos mensajes enviados directos a mi corazón, se venían conmigo al Veleta. Y os juro que durante toda la carrera, rondaron sin cesar por mi cabeza para darme fuerza.

Me levanté a las 5 a.m. llena de energía. La charla con Jorge y su mujer la tarde anterior, me dispensó todo lo que necesitaba. Y de verdad, vaya horitas, pero yo tenía muchas ganas!

Desayuno listo, los nombres de mis hijas tatuados en mis brazos, Jorge conmigo, y un corazón, una cabeza y unas piernas (por ese orden), preparados para la batalla.

Eran las 6:45 am y el paseo del salón de Granada ya estaba ambientado por corredores, acompañantes, y organizadores. Charlie me acompañó a la zona de salida. Los nervios ya estaban a flor de piel, y tenerlo a mi lado me ayudó mucho. A él le debo el 50% de esta carrera. Por apoyarme desde el minuto uno, por confiar en mí y en mis posibilidades para lograr mi reto. Por acompañarme en entrenos a pesar de sudar la gota gorda y sufrir de lo lindo con tanta cuesta. Y por estar siempre con mis niñas en mis ausencias.

 

Nos despedimos, me deseó mucha suerte y acordó subir más tarde en coche para estar en varios tramos del recorrido por si yo necesitaba algo.

Pasados unos minutos de las 7 de la mañana, sonó el pistoletazo de salida y mientras yo salí a correr por todos aquéllos que no pueden, Charlie colgó en facebook esta foto con un mensaje que leí por la tarde y que me emocionó tanto como todos los que vi aquélla noche que me sentí tan feliz. Mi perfil de Facebook ardía con mensajes maravillosos. MIL GRACIAS!

 

Mis amuletos. La pulsera del camino a Santo Toribio de Liébana por la ELA, que me trajo mi hermano Ignacio, la pulsera del Camino a Santiago que me trajo Jorge y la que mis niñas, Charlie y yo, llevamos juntos este verano. Nuestra pulsera de la suerte.

No suelo correr con gps. Nunca estoy pendiente de los tiempos. Yo soy de las que corre para disfrutar sin aspirar a más. Pero aquélla mañana llevé mi reloj para controlar un poco. Había hecho varios tramos de la carrera para tantearme. Los tiempos de corte, para una corredora como yo…eran exigentes. Como sabéis, resistencia tengo para un rato, pero rápìda no soy. Y esta carrera en continua subida y con un desnivel positivo de 2.800 metros puede jugarte una mala pasada.

Así que lo que yo quería controlar era NO ir rápido. Rápido para mí, claro. Porque ya sabéis que puedes dejarte llevar por la euforia, salir fuerte al inicio y fastidiarla. Sabía que íbamos a pasar de 600 metros a 3.300 aproximadamente, y tenía que medir mis fuerzas.

Efectivamente,  comprobé en seguida que iba a 5:15’/km sin darme cuenta, y bajé el ritmo hasta estancarme en los 6’/km, incluso algo más. Ya sabía que con ese ritmo, en los primeros 10 kms me ganaría unos minutillos de regalo para el resto, y afrontaría mejor la carrera cuando se pusiera fea.

Tenía la sensación de retener demasiado, de quedarme la última, pero pronto me dí cuenta que actué de forma correcta. Cuando a partir del km 10 comenzó la subida que ya sería una constante, aprecié lo cómoda que iba. De hecho comencé a adelantar corredores que ya caminaban desde el km 15.

Corría sóla. Y pensaba que así sería hasta llegar al km 38 en La Hoya de La Mora.

No quería llevar ni mochila ni cinturón. Cuanto más ligera mejor. Confié en los avituallamientos que eran muchos. Sin embargo 4 kms se pueden llegar a hacer interminables en esta carrera y en pleno Agosto, y empecé a darme cuenta de ello.

Pero entonces apareció sin esperarlo mi primer Ángel de la Guarda.

Javier Ortiz llevaba mucho tiempo sin correr con nosotros. Llevaba mucho tiempo sin verlo. Siguió de cerca mi reto en las redes, y me apoyó mucho, pero no, no lo esperaba. Y desde el km 18 se quedó conmigo hasta el 30.

Llevaba un bote para mí y otro para él. Cada vez que veía a Charlie iba a reponer y los llenaba de agua muy fría. Me dio la misma vida. 

Al llegar al Dornajo, Javi me dijo que eran las 10:15… “Las 11:15?” pregunté … “No, no, Ñusi, las 10:15, vas de escándalo!”

Nunca hubiera imaginado todo lo que iba a suceder después…Mi reto personal contra la Ela, se convirtió en el reto de muchos…

Nuestro arapahoe “Tatoo” también apareció. Otra alegría en el camino. Se unió en el Km 25 hasta la Hoya de La Mora en el 38, y  mis dos compañeros se encargaron de hidratarme  y de recordarme la toma de Totum Sport cuando me tocaba.

Se aseguraban de que fuera yo quien marcara el ritmo y no ellos, y no dejaban de dedicarme palabras de ánimo y fuerza. Me llevaron en volandas.

 

Con Javi y Tatoo, no tengo palabras de agradecimiento. Siempre estará en mis recuerdos.

 

Después de Tatoo, fueron Concha Alfaro y su marido los que aparecieron, qué agradable sorpresa, y me acompañaron hasta pocos kilómetros antes de coronar el Veleta.

Mi amiga y compañera de batallas Esther (de Vivir en La Pirámide) también se unió unos kms a este súper equipo después de darme aquél abrazo que no olvidaré jamás.

Unos venían, y otros se iban, pero entre todos consiguieron no dejarme sóla.

Con Esther, ella iba muy fresca y yo con las patillas ya muy reguleras 😉 En la foto… reponiendo!

 

¡ mi hermano Tite diciéndome que parara tranquila a comer !

 

Continuaba corriendo, me encontraba bien, muy animada y entretenida con las conversaciones de todos mis acompañantes. Eso sí, yo no hablaba 🙂 Pero escucharles me ayudaba a mantener mi mente distraída.

Mi hermano Ignacio apareció en la moto..estuve a punto de pedirle que me subiera 🙂 También mi hermano Tite y mi querido amigo y arapahoe Dani.

Me dijeron que por qué no comenzaba a andar, que aún quedaba mucho y debía guardar fuerzas para poder llegar con garantía a meta...pero es que yo me encontraba fenomenal!

 

Y ahora tengo que detenerme en un avituallamiento. El del km 38. Comencé a llorar al verlo de lejos. Os cuento:

Javier M. Alcaide de “Ponte en Marcha Contra La Leucemia”, me conocía de haber coincidido conmigo en varios eventos solidarios. De poco más. Siguió de cerca todo mi reto sin que yo me diera cuenta de ello. Y la noche anterior a la carrera, recibí este mensaje suyo:

Hola Ñusi, ya ha llegado el gran día. Atrás quedan las tiradas largas, las series en la piscina y los circuitos de fuerza. Ya está el trabajo bien hecho.
Mañana te toca disfrutar, te mentiría si te digo que no tendrás momentos de bajón, pero mentalmente estas preparada para superarlos pq la causa que te mueve te hará seguir hacia delante.
Cuando llegues a nuestro avituallamiento habrás hecho lo mas duro, luego irás en volandas, créeme. Sí, te quedan todavía 14 km, pero cuando llegues a la Hoya de la Mora, cierra los ojos y trasladate al 9 de agosto de 2015, cuando hiciste la minisubida con nuestro Jorge. Piensa en cada paso que diste junto a él y cuando menos te lo esperes estarás en la meta. Piensa en la foto que ha dado la vuelta al mundo donde se ve a Jorge entrar en meta y a tí aplaudiendo. Esta vez serás tú la que entres en la meta y los demás te aplaudiremos, unos físicamente y otros desde la distancia.
GRACIASSSS POR CREER EN LA CAUSA Y LUCHAR POR ELLA.
TE ESPERO PARA DARTE EL ABRAZO CARGADO DE ENERGÍA. VAMOSSSSSSSS TÚ PUEDES.
SIEMPREEEEE FUERTEEEEE

No se qué os parece, pero leer ésto en aquél momento, me hizo emocionarme muchísimo, llorar de alegría. Recibir estas palabras de alguien a quien apenas conoces, darte cuenta de lo cerca que ha estado sin enterarte, y saber que te va a esperar en un avituallamiento para abrazarte…es de verdad, algo muy grande.

Pero lo grande fue ésto: los carteles que me fui encontrando al llegar a este avituallamiento:

Y a lo lejos… Jorge y todo su séquito dirigiéndose a mí para engancharse conmigo a la carrera.

Lo más emocionante que he vivido en mucho tiempo. Sorpresas que te emocionan hasta las lágrimas, que te hacen recordar que existe gente maravillosa, y que te dan gasolina para comerte los próximos 12 Kms hasta la cima.

La increíble llegada al avituallamiento del km 38. Calurosa acogida del equipo “Ponte en Marcha”

 

Y esta es la foto de aquél abrazo que Javier prometió darme la noche anterior

 

Javier A. Martín Alcaide y equipo, no tengo palabras de agradecimiento que puedan expresar lo que siento. Ahora somos amigos, y contamos el uno con el otro para siempre.

Borja Ruiz-Cabello y Margarita Irias, Victor Pons y famila,  vuestro abrazo allí…también me lo quedo.

NUNCA LO PODRÉ OLVIDAR.

A partir de ahí, comenzó el último tramo de la carrera. Pero de nuevo tenía las pilas puestas. La llegada a La Hoya de La Mora, 2 kms después, fue increíble también. Mis tíos Maite y Fernando me esperaban para darme un abrazo y el último empujón. Y me emocionó mucho ver a  Pedro Carmona y su bonita familia, que me aplaudían para darme ánimos.

Además en aquél momento, se unieron en carrera mis hermanos, Charlie y Dani, que ya no me dejarían hasta la meta. Eso, simplemente es ayudar a que este reto se consiguiera. El resultado de tanta gente buena, es que corrí sóla 18 kms de 50. Mejor escoltada imposible. De nuevo íbamos un equipazo:

Fue en el km 42, cuando dejé de correr. Notaba que mis pies ya se arastraban, y que avanzaba demasiado lenta. Era el momento de comenzar a caminar. Aún tenía fuerzas, y sabía que andando avanzaría mucho más.

Y así fue, todos se sorprendieron al ver cómo mejoró mi ritmo andando. Las subidas se me dan bien. Y aunque no os lo creaís, como si soy rapidilla, es cuesta arriba y caminando.

Y escuchando a Jorge y sus ocurrencias, que me parto a veces de escucharlo, comenzamos a adelantar a corredores que ya no podían con su cuerpo. Y yo…cada vez me venía más arriba. Creí que tardaría más de 8 horas en hacer esta carrera, y Tite me iba diciendo que no llegaba a las 8 horas ni de broma. Sin confiar demasiado, yo andaba y andaba sin parar.

Y de repente, tras una curva llegó la meta. Ya estaba ahí. Todos se adelantaron rápido para verme entrar. Y a lo lejos, ví a Nanny Durán. En realidad creo que fue ella quien me vio a mí y comenzó a gritar: “qué cojones tiene mi Ñusi!”… Levanté la vista y allí estaba. Me puse de nuevo a correr hacia ella. Nos abrazamos y se me fue loca de contenta para verme también entrar en meta.

Nanny, en la recogida de dorsales, me dijo demasiadas cosas que necesitaba oír. Y me las dijo de verdad. Gracias a ella, salí de aquél hotel mucho más tranquila que entré. Y ahora ella estaba allí. Alegrándose de mi éxito como si fuera suyo. Y tal fue el subidón, que me cogió en brazos justo cuando pasé por el arco!

Pues eso, que llegué a meta. Reto conseguido! Un sueño para mí. 7:25h  finalmente y disfrutando, de verdad de la buena, los 50 kms de carrera. Lo sé, me los zampé yo solita, pero de verdad, que ir tan bien acompañada y encontrar tantos amigos por el camino, lo hace más llevadero. No hubo un sólo momento en el que quisiera retirarme.

Y lo mejor de todo, el abrazo más esperado. El de Jorge. Mi compañero de equipo. Lo conseguimos los dos juntos. A partes iguales. Nos esforzamos ambos para alcanzar nuestro objetivo. Y lo conseguimos. Hemos vuelto a hablar de la ELA alto y claro. Y vamos a seguir dando guerra. Y recaudamos dinero con esta Subida al Veleta, que será destinado a ayudar a tantos enfermos. Un ole por tí compañero. Te quiero, te quiero y te quiero!

 

Todo el esfuerzo mereció la pena. Entrené mucho para conseguirlo. Hubo quien me dijo bromeando que parecía que estaba entrenando para unas olimpiadas… 😉 y yo me explico para los que no entiendan:

Decidí hacer este reto con una anemia recién diagnosticada y con las fuerzas bajo mínimo. Por lo cual partíamos casi de cero. El entreno tenía que comenzar inmediatamente (tenía dos meses y medio), y sin parar, aunque de forma muy progresiva. A ésto le añadimos mi problema en la cadera por el cual yo no puedo o no debo hacer series corriendo. Con lo que decidimos hacerlas en la piscina. Para qué? Vas a ganar? me decían…. No, a la vista está.

Con mi entrenadora de natación Vane, qué tía más grande. Veleta al fondo, y la alegría de ambas por el reto superado! Lo Logramos.

Ni ganar ni hacer tiempazos. Sólo para llegar con garantía. Mi cuerpo no es agradecio para este deporte, siempre lo he dicho. Yo soy una de esas que no ha nacido para correr. Tengo que trabajarlo mucho para lograr un reto como éste sin sufrir demasiado. Y además, lo mío es la montaña, donde me siento más cómoda y segura. Esto era absolutamente nuevo para mí. Y quería asegurarme de que por mi parte, no había nada más que hacer.

Por estos motivos fueron mis entrenos. Dos meses después del anemión, hice los 50 kms de subida al Veleta. Y eso, quien sabe de lo que hablo, hay que currárselo.

Gracias a Jovi por sus ejercicios e fuerza. Imprescindibles para no lesionarte. Gracias a Rocío por poner a punto mis piernas. Y gracias y mil gracias a Vane, por entrenarme para esta carrera en el agua, como os lo estoy contando.

 

En cuanto a la alimentación he de deciros que no hay nada escrito. Los hay que prefieren comer sólo carnes y grasas, otros verduras y frutas, otros eliminan los hidratos porque ya no son buenos y yo…pues yo como de todo. Carne y pescado en menor proporción; huevos; potajes a discreción; verduras, frutos secos, y frutas, un montón; leche, café e incluso alguna galleta, y sí, yo hice carga de hidratos durante los meses de entreno pre-carrera. Eso junto a mi agua de mar de laboratorios Quinton para entrenar y recuperar, y pis pas.

(Nota: no tomo geles ni barritas energéticas nunca, ni en entrenos ni en carreras, sólo fruta, y si hace falta, un bocadillo de jamón 😉 ). Si comiendo así, estuve llena de energía de principio a fin, deduzco que las dietas perfectas, son aquéllas que a cada uno le funcionan y le gustan.

Y es que cuando algo se hace con el corazón…es difícil que no funcione!

 

No podéis imaginar lo que han significado estos 50 Km para mí. Un auténtico baile de buenas personas a mi alrededor que hicieron de “la carrera de ultrafondo más dura del mundo”, una de las mejores experiencias de mi vida.

Lloré mucho, en muchos momentos, por no creerme lo que estaba ocurriendo.
Y ahora sé, que esta carrera la hemos conseguido entre todos. Que sin vuestra ayuda hubiera sido imposible. O quizás, lo hubiera logrado pero sin llegar en ese buen estado en el que lo hice.

La carrera de mi vida, después de tantas, ha sido sin duda ésta. La Subida Al Veleta.

Y a todos los que me acompañasteis en un tramo u otro, a los que me abrazasteis susurrándome al oído palabras que se convertían en pura gasolina, o a los que simplemente fuisteis para verme pasar y aplaudir (me falta nombrar a Fermín, Antonio José, Mariano Ruiz, Juanlu, Jose Acullo, Alberto Polo, Susi, Pablo e Irene..) os llevo en mi corazón para siempre.

Entre todos, me llevasteis a meta, más a gusto que en brazos.

No ha podido ser corta esta crónica. Es larga, muy larga. Pero es que yo, no quiero olvidar nada. Antes de despedirme, y también para recordar,  unas fotos que valen más que mil palabras. Los vídeos ( que podéis ver en mi perfil de facebook e instagram @nusimartos), ya los tengo guardados a buen recaudo.

 

 

Soy muy afortunada. Por lo vivido y por contar en mi vida con Jorge Abarca.

Qué reto tan bonito. Por la gente que ha participado en él y lo ha hecho suyo.

Por Sergio Comino y Enrique Carmona que me animaron a hacerla escuchando mis dudas. Por el resto de la organización y voluntarios, sois fabulosos.

Por todas las llamadas de mis amigos y familiares antes y después de conseguirlo.

Por mis padres, a los que por primera vez he visto involucrados, preocupados y emocionados, en una de mis carreras. Doy gracias por teneros y por vuestro apoyo diario.

Por mis hermanos y mis amigos. Por su compañía y su implicación en mi reto.

Sé que algunos sufristeis por no poder estar y acompañarme un rato aquél día. (Martha Irías, Quirós, Caballero 😉 ) Como si hubierais estado, de verdad.

Por la familia Soy Montaña, porque se que queríais decir más, pero no os salían las palabras.

Por Miguel Angel Abarca, por acompañar a su hermano en todos sus retos para conseguir sus sueños, en este caso para conseguir el mío. Gracias por ser tan bueno.

Por Maribel, que es un ejemplo a seguir en el duro papel que le ha tocado vivir. Esta carrera, también ha ido por tí.

DE NUEVO, GRACIAS A TODOS DE CORAZÓN.

 

 

 

 

 

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