No me digas que no puedo hacerlo,por Rodrigo Arcos

Como todos los que han corrido una Maratón, tengo una historia que contar.

Para empezar esta crónica personal de mi primera Maratón debería contar cómo he llegado hasta aquí: no voy a negar que mi progresión es asombrosa, así como demasiado peligrosa; basta con decir que hace menos de un año fumaba casi dos paquetes de tabaco y pesaba 25 kilos más que ahora.

Mi primera carrera fue una que Nike organizó en Las Rozas el 31 de julio, y digo organizó por decir algo, ya que quitando el Mapoma de este año, tal vez haya sido la carrera peor organizada de todas en las que he participado. Esa carrera fueron 5km, en la Dehesa de Navalcarbón. Se me hicieron durísimos, de árbol en árbol cómo las ardillas y cambiando cien veces de sentido, imposible acoplarse a un ritmo. Lo mejor de esa carrera fue reencontrarme con Prado y Álvaro, que han sido y son importantísimos en mi corta vida como runner popular.

Rodri Arcos Cualquiera puede hacerlo
Preparando la maratón en la carrera Popular de Torrelodones.

De ese día a hoy no han pasado 8 meses. Ahí aún corría con zapatillas amortiguadas, pero poco a poco fui aumentando los kilómetros. Las carreras veraniegas, como la de El Portillo, y las invernales preparatorias de la San Silvestre me fueron atrapando hasta que un día encontré en Twitter una quedada de los que hoy son mi familia runner. Los No Te Pares Team de Madrid. Quedamos a ciegas, cómo nos gusta hacerlo en este club. Y ahí conocí a Guille. Hablamos de barefoot y de libros y de cómo transicionar, hablamos de los cualquierapuedehacerlo y de un Cross al que se había apuntado y no podía asistir. Me regaló su dorsal y me ví en Montilla rodeado de mega corredores afrontando una distancia que nunca había intentado (esto, cómo veréis, es una constante en mí). Allí acudí en plena transición al calzado minimalista y de allí salí convencido de que era mi única solución a los constantes tirones en los isquios.

Rodri Arcos Cualquiera puede hacerlo
Con los chicos de No te pares team, en un #trailaciegas

De vuelta a Madrid, afronté mi primera Media Maratón, la famosa Tragamillas de Villalba, en la que, por primera vez, iba a competir con calzado barefoot. Elegí mis New Balance MT00 y, con poco más que decir, acabé por debajo de dos horas. En los siguientes meses los entrenos fueron aumentando, así cómo las cargas y los desniveles. Quedadas trail y en asfalto, diurnas y nocturnas, solo y acompañado. Empecé a entrenar con dos chicas para que se unieran a mi reto de la Media de Madrid, y la afronté reduciendo en casi 10 minutos mi mejor tiempo, calzado esta vez con las VFF Bikila LS.

De la Media saqué en claro algunas cosas: la primera era que las recuperaciones son mejores y mas rápidas corriendo con calzado minimalista; la segunda fue un dorsal gratis para el Maratest de Alcorcón, una carrera de 30km a la que, cómo siempre, fui sin haber intentado entrenar esa distancia. Alli iba la gente a probar sensaciones para la Maratón de Madrid y a hacer su ultima tirada larga.

Y acabé. ¡Qué sensación! Correr sin dolores, tan sólo ligeros calambres al final, tener buena compañía y buena organización hace que disfrutes el triple… pero a los dos días empecé con dolor. La rodilla derecha estaba rara, como inestable, dolía como duelen las antiguas lesiones cuando cambia el tiempo… Paré. Paré del todo. Dos semanas para Mapoma y yo sin poder casi ni andar. A cuatro días para la prueba fui al fisio. Cero masajes, colocar y descolocar caderas y algo de acupuntura para rebajar la inflamación de lo que parecía ser una tendinitis por impacto.

Y llegó el día. Me presenté en la salida con mi amigo Fran, él iba a correr 21, yo dudaba si llegaría al 5. No tenía nervios, ni siquiera confianza en correr, sólo pensaba en disfrutar. Por eso guardé cola en el ropero, no me enfadé por no salir con el disparo de inicio, ni por no ir en mi cajón ni a mi ritmo. Estaba corriendo una Maratón. Poco a poco, hablando de barefoot con los que preguntaban por las VFF, saludando a los niños, intentando grabar recuerdos, buscando amigos… Así llegué al Bernabéu, donde despedimos a los de 10k. Allí por primera vez me planteé abandonar. Hacía frio, dolía, pero decidí seguir.

En el km 10 conozco a Baldomero, un corredor sénior haciendo su décimo-no-sé-cuántas Maratón; en el 15, al Team Espada acompañando a un amigo runner afectado de ELA. En el 18 despedimos a los de la Media que volvían al Retiro. Y yo… cojeando continuo.

Bajando Fuencarral. La de veces que la he pateado currando. Llena, y ahora corriendo me parece nueva; giramos a Gran Vía y me encuentro con RaimundoZ. No sabe cuanto me alegro de verle. Me paro a hablar. Y me emociono otra vez. Gran Vía desierta me recuerda a esa peli de Amenábar, “Abre los ojos”… Preciados, Sol… Gente, la Calle Mayor… Casi no me acuerdo, es increible. Llegamos al Palacio Real y poco después a Ferraz, donde está la Media. 21k. Casi dos horas y media. Es una locura, hace tres semanas tardé 1:46 y hace dos 2:42 en hacer casi diez más. Voy sobrado de corazón y pecho, pero lento. Muy lento.

Rodri Arcos Cualquiera puede hacerlo
VFF al poder!!

En el 23 me paro a estirar, oigo la música de una banda situada en el avituallamiento del 25; seguimos bajando, la rodilla me duele más cuando bajamos que cuando subimos, y este Maratón tiene mucha bajada.

En el km 27, he visto a un chico con una parálisis. Me cuentan su historia. Lleva 17 Maratones y clava su tiempo. Siempre acaba. Siempre 4:30h. Va como un reloj y encima animando.

Mapoma desde atrás es precioso. Debería correr más carreras así. Disfrutando del paisaje y de la gente. Sin preocuparme por el tiempo. Me pongo la música, entramos en la Casa de Campo. Aquí la Maratón se vuelve más dura. Más intima y sin tanta gente animando. No me gusta ver a los que vuelven: me sacan tres kilometros. Pero sigo. En el km 30, geles y estiramientos. Retortijones. Queda poco. Ya voy descontando. Solo 12. “Vamos pochy. No te pares. No camines”.

Hace frío. Y yo me he hidratado como si fuera verano en el Sáhara. Así voy. He parado como 5 veces a liberar vejiga…
El Calderón, Madrid Río… Ya queda poco. Muy poco. Subiendo no me duele tanto pero voy muy cansado y mis músculos están castigados. Llevo casi una hora más de lo previsto.

Una niña me da un caramelo. Tiene poco más de 4 años y está subida en un bolardo. A saber las horas que lleva animando. El caramelo me lo guardo. Me da mas energía en el alma que en el cuerpo. Otra vez emocionado. ¡Joder, soy un llorón!

“Poco. Queda poco. No te pares”, me repito como un mantra. El caso es que no se me hacen duras las rampas del final, subo hacia Atocha disfrutando de la gente. Cansado, contento, deshidratándome de tanto lloriquear.

Giramos. Km 39. Me sobran las fuerzas. No tengo miedo a los calambres. Km 40: casi estamos. Busco y veo alguna cara conocida, familiar… Km 41: las mujeres que corren con Cristina y su megáfono. Me paro a enseñarle me dorsal de unoentrecienmil y me vuelvo a emocionar (nota mental: esto empieza a ser grave, debemos tratarlo). Sigo: Km 42. Delante de mí, me encuentro con un señor de 75 años corriendo con una voluntaria al lado en patines. Por primera vez no esprinto: me da igual. Me considero un ganador. Quedan 192 metros. Más tres que les debo a mi grupo de runners.

Con la chica del megáfono
Con la Cristina y su megáfono

Llegamos. Hace un año no corría. Hoy he acabado una Maratón popular. Tiempo final 5:00:49 tiempo real 4:48.
De los problemas de organización se ha hablado mucho. Yo no voy a decir nada nuevo. Solo me da pena que no regalen alguna de las fotos oficiales de meta con la inscripción. Pero esta es otra historia.

Nuevos retos vendrán. Nuevas metas, nuevas anécdotas y mejores historias.

No me digas que yo no puedo hacerlo: cualquiera puede hacerlo.

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