La grasa no es el problema

Aunque este es un blog dedicado al deporte en general, la nutrición es un aspecto que nos interesa muchísimo, sobre todo aquellos aspectos novedosos y que rompen con lo establecido.

En este sentido, la llamada Dieta Evolutiva o Paleodieta es algo que nos interesa mucho y que  ha hecho que muchos de nosotros estemos modificando radicalmente nuestros hábitos alimenticios.

El post de hoy, aunque no está directamente relacionado con la nutrición deportiva,  habla de esto, de cambiar hábitos alimenticios que tenemos muy instaurados para tener mejor salud.

Se trata de un editorial que habla de la demonización que hasta ahora se le ha dado al consumo de grasas saturadas publicado en una de las revistas médicas de mayor prestigio del mundo,  BMJ (British Medical Journal). Las ideas que cuestiona están totalmente en línea con lo que defiende la dieta paleo o evolutiva. De este editorial se han hecho eco periódicos como ABC (Fin de la guerra a las grasas saturadas) y El Mundo (La redención de la grasa), pero nosotros ponemos el editorial casi tal cual.

El texto lo ha traducido, resumido y completado con algunas aclaraciones para que podamos todos entenderlo, Juan Antonio Montes, médico especialista en Medicina Interna del Hospital de Poniente de Almería y triatleta de larga distancia.

Pocas veces tendremos muchos de nosotros la oportunidad de poder leer en castellano un editorial del BMJ, así que no dejéis pasar la oportunidad de hacerlo. Muchas gracias Juan Antonio por la traducción y explicaciones.

Editorial en una de las más prestigiosas revistas médicas británicas que cuestiona, basándose en la más reciente evidencia, el papel que tradicionalmente hemos otorgado al consumo de grasas saturadas y a la focalización casi única en el colesterol, como causas de la enfermedad cardiovascular, principal razón de enfermar y morir en el mundo occidental.

BMJ 2013 (22 octubre). Aseem Malhotra interventional cardiology specialist registrar, Croydon University Hospital, London.
 LA GRASA SATURADA NO ES LA PRINCIPAL CUESTIÓN.
El mundo científico acepta universalmente que las grasas trans, presentes en las “fast foods”, productos de panadería y margarinas, aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Así en los últimos 40 años se ha aconsejado que se retire la grasa saturada de la dieta.

Actualmente la evidencia científica muestra que este consejo, PARADÓJICAMENTE, ha aumentado nuestro riesgo cardiovascular.

En 1970 Ancel Key´s publica “seven countries”. Circulation 1970:41 (supp):s1-211. Concluye que existe una correlación entre la incidencia de cardiopatía isquémica y las concentraciones totales de colesterol, que a su vez se correlacionan con las grasas saturadas. Pero, CORRELACIÓN no es CAUSALIDAD. Quiere decir, observamos que un elemento siempre está presente cuando ocurre un efecto pero,  ¿es este la causa?: NO lo podemos afirmar.

La reducción en el LDL,  colesterol malo, que se logra al reducir la ingesta de grasas saturadas, concierne fundamentalmente a las partículas “flotantes” de LDL (tipoA), cuando son las partículas pequeñas y densas de LDL (tipoB)(procedentes de la ingesta de carbohidratos) las que están implicadas en el riesgo vascular. Musunuru K. Atherogenic dyslipidaemia: cardiovascular risk and dietary intervention. Lipids 2010;45:907-14.

En una revisión, metanálisis, de estudios de cohortes prospectivos, no se demuestra ninguna asociación significativa entre la ingesta de grasa saturada y el riesgo cardiovascular. Siri-Tarino PW, Sun Q, Hu FB, Krauss RM. Meta-analysis of prospective cohort studies evaluating the association of saturated fat with cardiovascular disease. Am J Clin Nutr 2010;91:535-46. Incluso la grasa saturada llega a mostrar protección. Debemos tener en cuenta además la fuente de la misma. Los derivados lácteos parecen tener un efecto antihipertensivo, además del aporte que hacen de vitamina D pudiendo contribuir a una disminución del riesgo vascular. Existe un estudio que muestra como el ácido trans-palmitoleico (grasa principal de los lácteos) se asocia a mayores concentraciones de lipoproteínas de alta densidad (colesterol bueno), menores de triglicéridos, menores de proteína C reactiva (proteína relacionada con los procesos inflamatorios, en la enfermedad vascular existe una inflamación de los vasos sanguíneos en el origen del proceso), menor resistencia a la insulina y menor incidencia de diabetes en adultos. Mozaffarian D, Cao H, King IB, Lemaitre RN, Song X, Siscovick DS, et al. Trans -palmitoleic acid, metabolic risk factors, and new-onset diabetes in US adults: a cohort study. Ann Intern Med 2010;153:790-9.

La carne roja es otra fuente abundante de grasa saturada, pero es el consumo de carnes procesadas, pero no de carne roja, el que se ha asociado con la cardiopatía isquémica y diabetes, probablemente explicado por los conservantes utilizados (nitratos y sodio). Micha R, Wallace SK, Mozaffarian D. Red and processed meat consumption and risk of incident coronary heart disease, stroke and diabetes mellitus: a systematic review and meta analysis. Circulation 2010;121:2271-83.

La notoriedad de las grasas viene dada por ser el macronutriente energéticamente más denso de los tres (1g grasa=9 kcal, 1g proteínas=4kcal, 1g hidratos=4kcal). Sin embargo algunos científicos como el bioquímico Richard Feinman y el físico nuclear Eugene Fine nos han mostrado como el organismo no metaboliza del mismo modo los diferentes macronutrientes, por tanto UNA CALORÍA NO ES UNA CALORÍA. Feinman R, Fine E. A calorie is a calorie violates the second law of thermodynamics. NutrJ 2004;3:9.

En otro estudio publicado en Lancet en 1956, se muestra como la composición de la dieta supera a la propia ingesta de calorías. Tres grupos de pacientes fueron comparados consumiendo dietas ricas en grasas (90%), proteínas (90%) o hidratos (90%). La mayor pérdida de peso se logró en el grupo que consumía grasas. Kekwick A, Pawan GL. Calorie intake in relation to body-weight changes in the obese. Lancet 1956;271:155-61.

En este mismo sentido, se publica en JAMA en 2012 un estudio que muestra como una dieta baja en grasas, resultaba en un mayor descenso del gasto energético basal (al descender nuestro metabolismo basal estamos en “modo ahorro” por lo que se tiende a ganar peso), en un patrón lipídico desfavorable, y un incremento de la resistencia a la insulina en comparación con una dieta baja en carbohidratos y una dieta de bajo índice glucémico. Ebbeling CB, Swain JF, Feldman HA, Wong WW, Hachey DL, Garcia-Lago E, et al. Effects of dietary composition on energy expenditure during weight-loss maintenance. JAMA 2012;307:2627-34.

En los últimos 30 años en Estados Unidos la proporción de energía consumida por la población procedente de las grasas ha caído de un 30-40% (aunque el consumo total sigue siendo el mismo), y la obesidad se ha disparado. Al retirar las grasas saturadas de los alimentos, estos saben peor. La industria alimenticia, reacciona añadiendo AZÚCAR a los mismos.

Se habla del azúcar como un posible factor de riesgo independiente para el desarrollo de síndrome metabólico (conjunción de hipertensión, hiperglucemia, hipertrigliceridemia, descenso de HDL –colesterol bueno- y aumento del perímtero de la cintura).

Hace años la cardiopatía isquémica se mostraba aislada (el paciente que ingresaba por un infarto no solía padecer otras enfermedades). Actualmente 2/3 de los ingresos por infarto de miocardio tienen un síndrome metabólico. De ellos el 75% tienen concentraciones totales de colesterol normales. ¿Será que el colesterol total no es realmente el problema?.

En prevención primaria las estatinas tienen un NNT elevado (345) (prevención primaria: dar un fármaco a la población sana, antes de que padezca la enfermedad, prevenir tal cual. Estatinas: fármacos empleados para bajar el colesterol. NNT: número necesario para tratar – cuantos tengo que tratar para que a uno no le suceda el evento). En prevención secundaria (dar el fármaco a los que ya sufrieron la enfermedad, evitar recurrencias) ronda por 83 (esta es una cifra asumible, aún así en 82 de los casos no estamos aportando ningún beneficio). Por otro lado no ha podido demostrarse que otros grupos de  fármacos que descienden también el colesterol tengan beneficios clínicos. ¿Entonces? Se cree que el efecto beneficioso de las estatinas no viene determinado por su capacidad de descender el colesterol, sino por sus efectos pleiotrópicos (efecto tipo antiinflamatorio sobre la propia placa de ateroma de las arterias).

Este mismo año se publicó en el New England Journal of Medicine (una de las revistas más prestigiosas) un estudio español, del cual tuve la suerte de conocer directamente de sus autores hará uno o dos años. Se trata de un ensayo clínico basado en la dieta mediterránea, enfocando en el uso de aceite de oliva y frutos secos. Pasarse a una dieta mediterránea reduce el riesgo de muerte casi 3 veces más que tomar una estatina. PREDIMED: Estruch R, Ros E, Salas-Salvadó J, Covas MI, Corella D, Arós F, et al. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. N Engl J Med 2013;368:1279-90.

“Es hora de romper el mito del papel de las grasas saturadas y rebobinar el daño de los consejos dietéticos que han contribuido a la obesidad.”

Traducción, resumen y notas aclaratorias: Dr. Juan Antonio Montes, especialista en medicina interna  y triatleta (@jmonrotwit)

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