7. La Fuerza de la Manada-por Ñusi Martos

De repente estábamos seguras de poder superar cualquier reto que nos propusiéramos. Juntas habíamos logrado lo impensable. Impensable para nosotras, por supuesto. En apenas un año corriendo, ya habíamos conseguido terminar con éxito dos medias maratones y dos trail de 25 y 30 km. Y esta corta experiencia, fue suficiente para darnos cuenta de dos cosas: amábamos correr en montaña y podíamos disfrutar corriendo.

El asfalto nos llamaba y nos llamará siempre.Es nuestro sacrificio, nuestro miedo, nuestro reto y nuestra superación. Pero nos cautivó la tierra, la naturaleza, el silencio, la lluvia, el vértigo, las vistas y la sensación de tocar el cielo. Los Arapahoes fueron los benditos culpables de ello. Una tribu cuyos miembros se unen gracias a una pasión común. El monte los llama y ellos acuden sin miedo, sin prisa y con respeto. Una tribu que siendo muy superior a nosotras en condición, fuerza y kilómetros recorridos, nos acogió sin darle importancia a los tiempos, al crono o al reloj. Que nos acompañó en nuestros primeros pasos lejos de la serpiente gris, con motivo de nuestro primer trail, y que siguió contando con nosotras al terminarlo.

Suerte la nuestra. Porque tras finalizar nuestras dos primeras carreras de montaña, nos quedaba todo un mundo por descubrir y miles de experiencias que vivir. Porque con ellos hemos conocido lugares a los que sólas nunca hubiéramos llegado nunca. Con ellos nos hemos atrevido a todo. Hemos madrugado muchísimo, hemos pasado frío, hemos corrido en condiciones extremas, hemos escalado, trepado, nos hemos caído y hemos bajado, a nuestro estilo y casi rodando, todo aquello que hemos coronado. Pero lo más importante es que con ellos hemos aprendido a confiar al máximo en nuestras posibilidades. A darnos cuenta de que si queremos, podemos. A ser conscientes de todo lo que somos capaces de hacer. Porque ellos siempre han creído en nosotras, porque nos han apretado, exigido y animado a sabiendas de que conseguiríamos cada ruta propuesta.

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Hace no mucho leí una frase que quedó guardada en mi corazón: “las personas con las que compartes tu afición por correr, se convierten en una extensión de tu propia familia” Así lo siento yo con ellos. Ya forman parte de mi vida, de mis ilusiones y de mis nuevos retos.

Y fue con ellos, una mañana mientras subíamos la temible cuesta de los presidiarios (vereda de la estrella, Granada), cuando arropada por sus ánimos y su confianza en el “maripuri’s power”, sentí que efectivamente seríamos capaces de afrontar una maratón. La prueba reina del atletismo nos llamaba cada vez más, y pronto obtendría nuestra respuesta. Sin embargo, aún estaba lejano el día en que decidir firmemente cuál y cuándo, así que sin presión ni preocupaciones, continuábamos disfrutando mientras sin darnos cuenta, entrenábamos.

En este contexto he de afirmar, que aunque correr en soldedad es un momento realmente especial para todo amante de este deporte, hacerlo en compañía es un auténtico placer. Cuando alguien tira de tí en los momentos de debilidad, cuando te marcan un ritmo superior al tuyo, cuando te dicen que ya queda menos, cuando te aseguran que puedes alcanzar el objetivo propuesto….cuando eso ocurre te estás esforzando más sin apenas darte cuenta. No te dejas vencer. No disminuyes velocidad sino que intentas apretar. Y de repente, te das cuenta que puedes hacer más que aquello de lo que te sentías capaz.

Y nosotras sentimos la fuerza de aquella manada. Y nos hicimos fuertes con ellos. Y su espíritu, su apoyo y su gran compañerismo por encima de todo, nos acompaña en cada una de nuestras carreras, donde ya entran en juego nuestras piernas y nuestra mente. Vulnerables pero fuertes. Y no se si ha sido suerte, pero hasta el momento, hemos cruzado todas las líneas de meta que nos hemos propuesto.

El running está pisando fuerte. La gente se mueve. Algunos dicen que está de moda, y como toda moda pasará. Y qué más da? De todas formas yo no lo siento así. Se está optando por una forma de vida saludable. No importa si es correr, nadar o pedalear, incluso jugar al pádel o caminar. Se trata de activarnos. De sentirnos positivos, de cargar pilas, de desconectar de la traicionera rutina. Y si correr es una moda, pues yo soy su fiel seguidora. Una moda sana que no hace mal a nadie sino todo lo contrario. Una moda que cada vez siguen más mujeres. Su movimiento se nota. Su poder, su fuerza y su voluntad. Existe un gran espíritu de superación entre la gran mayoría de ellas. Mujeres que mueven masas. Que se contagian unas a otras. Que se dan cuenta de lo fuertes que son. Otras quieren y no se atreven. Las hay que creen que no pueden. Ojalá me lean.

Yo ni me atrevía ni sentía que podía. Simplemente no me lo planteaba y no estaba dentro de mis planes de vida. Hasta que llegó el día. Tal y como os conté en mi primer post, y tengo mucho que contaros aún. He de ser capaz de demostraros con mi experiencia, que todas vosotras, las que lo deseáis, tenéis ilusión y ganas, podéis hacer lo mismo que yo. Lo mismo que estas dos maripuris, protagonistas de mi humilde historia. Podéis hacer incluso mucho más. Tengo amigas y conocidas que me dejan con la boca abierta. Y son corredoras populares desde no hace mucho tiempo atrás.

A nosotras todo nos llegó de casualidad. El deporte, la compañía, los retos…todo ha ido apareciendo y nosotros lo hemos ido recogiendo. Y nuestra mayor suerte es haber encontrado esta familia. Buscar a gente con vuestra misma afición, uniros a grupos de runnig, los hay de todos los niveles, correr para divertiros y sentiros mejor, no tengáis miedo. Hombres y mujeres están disfrutando hoy todos juntos de este mítico deporte. Y cuantos más seamos mejor. Y cuanto más lo pongamos “de moda”, mayor número de personas vivirá de forma saludable.

Correr es una forma de vida. Correr libera tensiones, te conduce a una alimentación mejor y te ayuda a dormir como un niño. No existen límites. Sólo fuerza de voluntad e ilusión.

Bendita moda. Bendita afición.

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