Entre lagos y montañas

Cómo en otras publicaciones de otros compañeros de esta página me animo a poner una canción para que la escuchéis mientras leéis la crónica. Espero que os guste.

God is an Astronaut – Shores of Orion

Quién me diría a mí que dos años más tarde, en mi segundo viaje a Asturias (sin contar con el Camino de Santiago) iba a subir a la Porra, la cima más alta de la zona de lagos de Covadonga, en la vega del lago Enol. Esta vez venía a Asturias con otros ojos. Unos ojos que me han permitido experimentar sensaciones y experiencias que jamás imaginaría. Cada vez que veo una montaña veo un objetivo, una meta. Alcanzable o inalcanzable, no lo sabía, pero eso es algo que sólo mis piernas me dirían una vez lo intentara. Sin embargo, la ilusión está ahí, e incluso solo con pensar en la posibilidad de disfrutar de las vistas desde una de esas cimas ya me ponía la piel de gallina.

Como todos los años desde 1939, la Vega de Enol se disfraza el 25 de julio, el día de Santiago, para la fiesta del Pastor. A las 8 de la mañana en punto, los romeros parten hacia la vega del lago Enol, el lago más grande de los dos que ocupan la reserva natural de los picos de Europa, desde Cangas de Onís. Se organizan juegos para niños, carreras de caballos, la subida a la Porra, sokatira…Captura de vídeo RTPA

Ya el propio viaje hacia los lagos merecía la pena, aun siendo ya la segunda vez que íbamos. Pero es impresionante viajar por esas carreteras inundadas por el follaje de robles, castaños y fresnos… Acompañados por el sonido que el río Seya deja a su paso engullido por elevados picos que observan majestuosos el vaivén de las rapaces. Un espectáculo cuya protagonista es la naturaleza pura en sí misma. Aunque he de decir que a mi familia no le hizo ninguna gracia en un primer momento madrugar a las 7 de la mañana para que pudiera participar en esta carrera, después nos alegramos todos de haber podido presenciar tal festejo.

Lago

Pero ¿Cómo unos jerezanos se enteraron de que en la vega del lago Enol existía tal carrera? Fue casualidad que mi madre escuchara en la radio local que el día 25 se organizaba tal carrera. Acto seguido me inscribí por correo electrónico desde el iPhone. Sólo sabía que era una carrera de 1250 m de desnivel acumulado (600 metros de desnivel positivo y otros 600 negativo) y que la llamaban subida a la Porra, una carrera de pastores. Me pareció suficiente para no pensármelo demasiado.

La noche de antes indagué un poco más en la carrera y para nuestra sorpresa no sólo se trataba de eso. Formaba parte de una fiesta que incluían varias actividades, a cual más interesante. La subida a la Porra es una metáfora, según leí, en la cual cada corredor se encarna en la piel de un pastor que sube a la porra para recuperar a su rebaño de ovejas.

Al llegar asistimos a una misa espectacular. Acompañada de la banda de gaitas de Cangas de Onís, con un atuendo característico precioso como podéis ver en la foto. Una imagen que se queda grabada en la memoria, no sólo por los sonidos que desprendían aquellas gaitas y tambores, acompañados de la misa de aquel cura, sino por la grandiosidad del contexto. Aquellas vistas dignas de cualquier paraíso no terrenal imaginadas por un novelista de ciencia ficción. Pero no, era real y era magnífico.Gaitas Cangas de Onís

Misa

Después de la misa, desde una carpa pequeña a los pies de la Porra, un speaker llamaba porc megáfono a los participantes de la carrera a acudir a la zona de salida. Y así hice. Con mis Vibram Fivefingers Spyridon me dirigí hacia allá. Nos daban un papelito con el número del dorsal, el cual teníamos que entregar en la cima, donde nos daban otro de diferente color que teníamos que entregar abajo, acreditando que habíamos llegado arriba.

En la línea de salida (también de llegada) vi que no alcanzábamos a ser más de 15 corredores. De hecho éramos 11. Mis pensamientos durante el viaje se tornaron realidad, por lo menos en lo del número de participantes, lo de llegar el último estaba aún por decidir. Las zapatillas no pasaron desapercibidas, me preguntaron por ellas y recalcaban la dificultad de subir a la Porra con aquella suela. Sinceramente no se la veía. Quizá lo único que me preocupaba un poco era que al haber lloviznado algo antes la bajada fuera más complicada por lo resbaladizas que se pudieran creer aquellas rocas. Como alguien me dijo después  “esas rocas te pueden rebanar el pie si quieren”. Tenía razón, aquellas rocas tenían pinta de cortar de lo lindo.

El speaker presentó a todos los participantes diciendo su lugar de origen. El mío no lo sabía por lo que mi madre vociferó “¡De Jerez de la frontera!”. Un jerezano, demasiado “rucio” para ser del sur (por lo visto se refería a rubio, vamos, que parecía un guiri), corriendo una carrera recóndita en una fiesta de pastores en la Asturias más antigua y rural. Sigue sonando raro, qué queréis que os diga. Y eso mismo le pareció al presentador. Al presentador y a la RTPA (radio-television del principado de Asturias), la televisión local asturiana, que ahí estaba con su cámara y comentarista para no perderse detalle en aquella fiesta.

Con el legendario “preparados, listos… ¡Ya!” comenzaba una carrera que al principio no me parecía muy difícil. Con “al principio” me refería antes de ver que no lograba atisbar el pico de la montaña por la bruma que lo envolvía. Con “al principio” me refería hasta que el presentador solo mencionó el nombre de 11 corredores. Ahí ya me di cuenta porque toda la cantidad de romeros y jóvenes de la fiesta, excepto 11, preferían quedarse abajo con su refresco y visualizar la carrera sin más preocupación que la de no acabarse el aperitivo que tenían entre manos. Subir 600 metros de desnivel positivo hasta la cumbre de un cerro de 1250 metros de desnivel y luego bajar lo subido era algo que pensé difícil, aunque no demasiado. Si no recuerdo mal, mi primera media maratón, que fue de montaña, consistía en subir alrededor de 700 metros de desnivel positivo en unos 10 km (septiembre 2012) por tanto sabía, más o menos, a que desnivel me enfrentaba. Pero me equivocaba, subir 600 metros para bajarlos de un tirón era muy complicado. No tienes ni un respiro durante la subida (ni la bajada). Además no quería llegar el último. Tampoco hubiera pasado nada pero simplemente no quería.

Salida
Salida

Comencé a subir. Era un recorrido libre, cada corredor escogía el camino que le resultara más fácil para llegar a la cima lo antes posible. Yo seguí el que la mayoría trazaba. No conocía esa montaña, ellos sí (la mayoría de corredores eran de los alrededores), así que no me iba a poner a investigar.

Después de correr unos 250 metros ya no se veía nada de lo que ocurría allá abajo. No se veían los jóvenes con sus refrescos. No se veía la banda de gaitas. No se veía la carpa ni la zona de llegada. Era todo una bruma espesa que nos envolvía a todos y que parecía que hacía sudar a las rocas como nunca. Subir y subir, no pensaba mucho el camino a seguir, simplemente me centraba en el próximo paso. Una mala pisada y podría pasar un mal rato si alguna de aquellas rocas quería. Además arrastraba una tendinitis en el pie izquierdo, flexor del dedo gordo. Me molestaba un poco, pero ya estaba mejor. Aun así iba con cuidado.

En la cima intercambie el papelito que acreditaba que había llegado al punto más alto de la Porra del Enol. Ahora tocaba bajar. Al principio había que bajar con mucho cuidado, no sólo por los vapores que trasudaban las rocas como dije antes, sino porque no se veía mucho más allá de 10 o 15 metros. Cuando pasé la zona rocosa, unos 400 metros bajados, ya llegué a una superficie con tierra y barro, y aunque seguía bajando y tenía que ir con cuidado me podía permitir ir bastante más rápido y confiado.

Desde arriba y entre la niebla se escuchaba la ovación de los espectadores aclamando a los corredores que iban llegando en 1º lugar, 2º lugar, 5º lugar… Arriba no tenía ni idea de hacia dónde me tenía que dirigir, sólo sabía que tenía que bajar. Al escuchar a los jóvenes con sus refrescos aplaudiendo y al presentador anunciando la llegada de los corredores podía guiarme por el sonido, así era más fácil tomar una dirección.

Una vez iba bajando la neblina iba desapareciendo y comenzaba a avistar la línea de meta. Me dirigí hacia allí y concluí esta maravillosa carrera. Entregue el comprobante de que había llegado hasta la cima y fui a ver a mi familia. Pregunte cuantos quedaban. Quedaban 3 o 4 detrás de mí, así que conseguí lo que quería, no ser el último.

La comentarista de la televisión asturiana entrevistó a mi familia mientras corría, preguntándoles que qué hacíamos unos jerezanos en esta fiesta, si había corrido alguna vez antes la carrera… ahí os dejo el enlace por si queréis verlo. (a partir del minuto 32 aproximadamente). También grabaron mi entrada en meta. Nos llevamos un buen recuerdo de aquel día.

Programa Conexión Asturias

Durante la carrera de caballos se me acerca un hombre y me dice “¡Pero hombre, como se te ocurre correr con esas zapatillas por allí arriba! ¡Esas rocas son capaces de rebanarte el pie si es lo que quieren!”. Me dijo que había que tener mucho valor (o muy ignorante pensé yo) para subir con esas zapatillas. Yo no lo veía así. No me supuso mayor dificultad el haber corrido con las Spyridon. Es cierto que tienen muy poca suela, y eso hace que tengas que ir con más atención a donde pisas, pero no lo veía una temeridad como ellos la veían. Nos contó como él, hacía ya tiempo, subía y bajaba la Porra con unas Chiruka. Todos cuando le veían calzando esas zapatillas le preguntaban por qué con unas Chiruka. Él sabía muy bien lo que hacía. Nos contaba que aunque no eran zapatillas para correr, en el tacón tenía un material antideslizante y conseguía bajar casi volando. Nos dijo que duraba unos 7 minutos y 51 segundos, el record de la carrera (esta vez el primero tardo unos 9 minutos 50 o así). A mi padre y a mí nos sonaba lo que contaba de algo. Días anteriores leí que había un hombre que tenía tal marca. Le llamaban “el guardabosques volador”. Le preguntamos si era él y en efecto. Estuvimos buen rato charlando de zapatillas y de qué cómo es que nadie desde aquel día en que consiguió terminar en ese tiempo consigue superar esa marca. Me alegró mucho conocer toda una leyenda en esa Comarca: Jose Luis Alonso, el Guardabosques volador.

Con el Guardabosques Volador
Con el Guardabosques Volador

Y aquí concluyo la crónica de este maravilloso día que creí tenía que compartir con todos vosotros. Cómo todos los que vais a leer esto sabéis, la carrera no es lo más importante de la misma. La experiencia y sensaciones que nos hacen recordarlas no las adquirimos por el hecho de hacer kilómetros, sino por el propio contexto de la misma, la gente que te aplaude en cada esquina o que te reciben en meta como si formaras parte de su propia familia. Lugares, paisajes, gente… eso es con lo que yo personalmente me quedo de cada carrera, independientemente de lo espectacular del recorrido de cada una. Ésta es una de las muchas razones por las que corro y creo no equivocarme si lo extrapolo a la mayor parte de corredores que comparten esta forma de vida conmigo.

El curso que viene, a partir de Septiembre, este Cualquiera estará en las tierras del Conde Drácula, Transilvania, más concretamente Cluj Napoca (Rumania) estudiando mi cuarto año de Medicina. Antes incluso de ver las asignaturas que iba a cursar allí ya tenía varias carreras avistadas. Una de ellas, y para la cual espero estar en condiciones para correr, es la Maraton Piatra Craiului el 5 de octubre, una maratón que en caso de hacerla sería mi primera maratón, siendo ésta de montaña, un año después de correr mi primera media maratón. Una maratón que se desenvuelve en los Cárpatos, partiendo de Zarnesti. Empezó como ilusión, ahora es un reto, y espero poder llevarlo a cabo y que no haya ningún contratiempo.

Trailer Maraton Piatra Craiului

Zarnesti

Este Q seguirá compartiendo sus vivencias con todos vosotros desde Rumania. Espero hacer bastantes carreras y sumergiros en las mismas con mis relatos.

¡Los Cualquieras van tomando tierras extranjeras!

Un abrazo a todos y gracias por haberme leído.

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