Crónica: I Payoyo Trail

Hace poco asistí a la I Payoyo Trail, una carrera a la que tenía que ir sí o sí por varias razones. La primera de todas es la espectacularidad del paisaje y región en la que se desarrolla el evento, dentro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, teniendo su salida y meta en Villaluenga del Rosario. Otra de las razones por las que no podía faltar era porque nunca había hecho una prueba con ese desnivel y ya tenía ganas de meterme en las piernas un poco de caña. Las especificaciones técnicas de la carrera son las siguientes:

Distancia: 16 kilómetros.
Desn. Positivo: +600 metros.
Desn. Acumulado: 1.200 metros.
Mayor Altura: 969 metros.
Menor Altura: 779 metros.
Salida y Meta: 841 metros.
Avituallamientos: 2 sólidos y líquidos. Kilómetros 7,4 y 11,5.

Y aquí el perfil:

Nada más empezar la prueba ya nos adentramos en un encinar precioso, subiendo anteriormente algo más de 1 kilómetro con desnivel positivo, nada comparado con lo que vendría más adelante. El tiempo la verdad es que acompañaba a esta magnífica carrera. Días previos había llovido y el paisaje era espectacular, todo verde y frondoso. Llevé un cortavientos que realmente sirvió de gran ayuda al principio de la carrera (hacía fresquete) y en algunos tramos en los que realmente te protegía bastante del viento.

Al salir del encinar el paisaje se convirtió en un increíble campo abierto. El gran poljé de Llano del Republicano. Uno se sentía minúsculo corriendo ante tal inmensidad, rodeado de aquellas imponentes montañas. Para mí fue una experiencia totalmente gratificante. Durante el tiempo que corríamos por aquel llano estuvo lloviznando, por lo que el cortavientos me sirvió de escudo, vino genial. Tuvimos que atravesar varios riachuelos. Muchos se limitaban a sortearlos, yo sinceramente preferia mojar las Spyridon y sentir el fresquito en los pies de esa agua llena de vitalidad. Fue un gustazo. Atravesamos la sima del Llano del Republicano y llegamos al primer avituallamiento, a las faldas de la montaña que nos disponíamos a ascender.

He de decir que de las pocas carreras que he hecho, ésta ha sido la que más me ha gustado en cuanto a los avituallamientos se refiere. Había agua, bebida isotónica, piezas de fruta, barritas energéticas y tabletas de chocolate partidas. Todo en gran cantidad. Se agradece que cuando uno llega a un avituallamiento, sea primero o último, haya tal disponibilidad.

Comenzamos la subida. Imposible correr. Tuvimos que hacerla andando la mayor parte hasta que poco a poco se divisaban senderos más horizontales. Pero aun así, por la cantidad de rocas que había era difícil correr. Durante esa subida era inevitable no volver la mirada hacia atrás y ver la espectacularidad del paisaje que la naturaleza ofrecía. En ocasiones pensaba “me sentaría y me quedaría aquí un buen rato”. Ya lo haré. De momento a seguir corriendo.

Al terminar el ascenso, de nuevo nos sumergimos en un escenario de película. Lleno de una vegetación espectacular y una superficie que no te dejaba ni un segundo de descanso. Pronto comenzamos a descender lo ascendido, y para mí la parte más complicada de la carrera. De nuevo empezó a lloviznar, pero la lluvia era lo de menos, lo peor era lo escurridizas que se tornaron las piedras. Había que tener mucho cuidado y estar pendiente de no pisar en falso porque esas rocas te podían jugar una mala pasada. Seguimos descendiendo y de nuevo llegamos al tremendo poljé. Segundo avituallamiento, igual que el anterior. Un pequeño respiro para pararse a pensar e intercambiar opiniones con otros corredores. Todos coincidíamos en la espectacularidad de la prueba y en que el tiempo no podría haber sido mejor.

Luego cruzamos el poljé (mucho barro, terminé con los pies totalmente marrones) y llegamos al último tramo de la carrera. Una subida bastante sufrida por la inclinación y por ser la última parte de la prueba. Discurría por un escenario semejante al del principio.

La carrera finalizaba con una bajada hasta llegar a la meta. Te daban la bolsa del corredor con una camiseta técnica y un detalle que a mí me encanto. Un libro de fotos de la sierra de Cádiz, fotos preciosas de la belleza de la naturaleza gaditana que no te dejan indiferente.

 

Por carreras como ésta y por paisajes como éstos son por los que merece la pena correr desde mi punto de vista realmente. Tener la capacidad física para sumergirte de lleno en la naturaleza, en definitiva sentirte parte de ella, un conjunto de sensaciones indescriptibles que sólo los que las sienten saben a lo que me refiero, sensaciones que el minimalismo, he de reconocer, también ayuda a fomentar.Me quedé con las ganas de más.

Me acordé muchísimo de mi padre y David, que no pudieron asistir por diferentes vicisitudes. Aún nos quedan muchos kilómetros que correr juntos.

Gracias por leerme y un abrazo a todos.

 

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