11. Con los Nervios a Flor de Piel

NOVIEMBRE 2012

Estaba a un mes de enfrentarme a los míticos 42,195 km. Me dí cuenta que ya no podía quitármelo de la cabeza. La maratón estaba en mis pensamientos mientras trabajaba, mientras comía, mientras estudiaba con mi hija María o mientras las bañaba a las dos. En cualquier momento de mi día a día, me acordaba del reto que había decidido afrontar, y debo decir que estaba realmente nerviosa y a la vez entusiasmada.

Con mi mente ocupada en esto llegó el día de la Media Maratón de Granada. Parece mentira que ahora esta prueba ya no me preocupara. No es que fuera yo una experta en los 21km, pero teniendo en cuenta mi gran sueño, cualquier cosa se me hacía pequeña. Sería mi cuarta Media Maratón, y la segunda en Granada. Y a diferencia de la primera, me la tomé con mucha más calma. Como un entrenamiento más en mi camino hasta llegar a ser Maratoniana. En aquellos momentos aún no sabía que lo conseguiría y la situación me mantenía expectante. Era 4 de Noviembre de 2012. Charlie se estrenaba también en esta distancia por lo que los preparativos los hicimos juntos. Nos reunimos todos los Qs del año anterior y se unieron algunos nuevos. Muchos amigos y conocidos y una carrera fantástica.

media maratón de Granada 2012

Mi experiencia en esta media fue muy positiva, lo cual me ayudó a reforzar mi creencia de que sería capaz de afrontar con éxito la Maratón de Málaga. Me encontré muy bien mental y físicamente. Y terminé con la sensación de que hubiera podido apretar más. Curiosamente no escribí crónica de esta carrera. Suelo hacerlo en todas. Pero desde que la terminé hasta varios días después, me quedó un sabor agridulce. Mi amiga Paqui y yo no entramos juntas en meta. Las Maripuris se separaron. Ahora se que estas cosas pasan, y más en estas distancias, pero llevábamos mucho tiempo empezando y terminando juntas. Ella en esta ocasión tuvo un mal día (de los poquísimos que ha tenido), y aunque intenté ir tirando de ella casi desde el principio, pronto me dí cuenta de que estaba sufriendo y de que en esta ocasión, no podía esforzarse más. A partir de ahí comenzó mi lucha interna.  Fue de las primeras veces que me sentía tan cómoda en una carrera. Sin nervios, sin molestias, fuerte, ligera y con ganas, muchas ganas. Pero yo quería ir con ella.

Hasta que al final, cuando ya no merecía la pena, la dejé atrás y seguí a mis piernas. meta mm granada 2012  Entré en meta sola y bastante seria. Sentí que me faltaba algo, y que no debí haberme alejado. Si había hecho la mayor parte del recorrido con mi amiga con la firme decisión de no separarme de ella, ¿por qué decidí escaparme tan tarde? Pero hoy sé, que todos estos sentimientos se te cruzan en milésimas de segundo mientras estás corriendo, y reaccionas como te pide el cuerpo. Ahora ya siempre que nos enfrentamos a una carrera tomamos la decisión antes de comenzar. Si la distancia no es muy larga, cada una a su ritmo y a como le salga. Si nos enfrentamos a grandes retos, los hacemos juntas de principio a fin. Tirando la una de la otra pase lo que pase.

Porque ya nos hemos dado cuenta, que en largas distancias, tener el apoyo de tu compañera es fundamental y te hace la cosa bastante más llevadera. Tras la carrera, nos reunimos todos en el bar Mundra de Granada, y echamos como siempre, un fantástico tercer tiempo. Y como siempre, la Maratón de Málaga apareció en cada una de nuestras conversaciones. Creo que fue aquel día, cuando nos dimos cuenta de que finalmente iríamos solas a hacerla. Nuestros Arapajoes, que tuvieron sus dudas respecto a hacerla o no, finalmente nos confirmaron que no querían asfalto, que ellos en montaña lo que fuera, pero que el asfalto no lo disfrutaban y no tenían ganas de hacerla. Y aunque esto no nos gustó nada de nada…..decidimos seguir hacia adelante con nuestro reto. ¡Cualquiera Puede Hacerlo!

Así que una de las cosas que hicimos muy a nuestro pesar, fue aparcar durante dos semanas, las rutas domingueras en montaña. Habíamos entrenado mucho en ella y éramos conscientes de que esto nos habría dado mucha fuerza. Pero teníamos que probarnos en asfalto. Y como venía siendo costumbre, pedimos consejo a Santi Ruiz, quien nos dijo que no hiciéramos más de 30 km para entrenarla. Así que a por ello.

El primer domingo que salimos sólas a tres semanas de la maratón, fue el que hicimos 30 km. Recuerdo aquel día perfectamente. Diluviaba a mares. Nos reunimos a las 8 am y nos metimos en el coche de Paqui. Deliberando. Pensando qué hacer con lo que estaba cayendo. Hasta que Paqui me dijo: “podría pasar que el día de la Maratón llueva en Málaga, no? Pues ala, a correr”. Dicho y hecho. Nos abrigamos bien, nos pusimos nuestro chubasquero, nos cubrimos la cabeza, pusimos nuestro gps en marcha e iniciamos la carrera. Y ahora tocaba ir pensando donde ir. Tampoco sabíamos muy bien a donde dirigirnos. Eso fue lo más! Buscábamos asfalto, pero encontrar una ruta de 30 km no es fácil!. Pensamos en Santa Fe, un pueblo que está a 15 km de Grranada, y decidimos ir hacia él. Ala, ida y vuelta. Pero sin saber cómo, hubo tramos que nos vimos en la autovía sin posiblidad de ir por otro camino. Nos partíamos de risa pensando el los coches que nos vieran a las dos gilonas, a esas horas, diluviando y corriendo por el arcén de esa carretera. Hasta que por fin, pudimos salir de allí y llegar al pueblo sin problema. Aún no habíamos logrado los 15 kms exactamente, por lo que avanzamos un poco adentrándonos en el pueblo hasta conseguir recorrer esa cantidad exacta. Y media vuelta. Nos preguntábamos que tal íbamos continuamente y manteníamos un ritmo muy cómodo, 6min/km, para asegurarnos de aguantar esa distancia y saber cual sería más o menos nuestro ritmo de carrera llegado el gran día. Y nos fue muy bien. Llegamos al lugar donde estaba el coche fenomenal y apretando.

Algunos dolores nuevos aparecían pero lo normal después de haber hecho esa tirada. Como sabéis el impacto en asfalto es más agresivo. Pero estábamos contentísimas. Se lo dije a Santi en seguida. ” Lo hemos conseguido!” Y él se alegro mucho por nosotras. La semana después fui consciente de que un leve dolor en la rodilla no me abandonaba. Pero no quise preocuparme por ello. Y llegado el siguiente domingo, fuimos a por los 25 kms. Una vez más, los aguantamos sin problema y apretando un poco más, pero esta vez el dolor de la rodilla se hizo más agudo. Pensando en la cercanía de la carrera, decidí visitar al fisioterapeuta. No había lesión de momento. Sólo una gran sobrecarga en el tensor de la fascialata que provocaba aquel dolor. Pero me dió vía libre para hacer la maratón.

Y algo más tranquila por esto, decidí seguir adelante y hacer la última carrera prevista en nuestro calendario antes de ir a por los 42. Fue la media maratón de montaña en Albuñuelas, un pueblo de Granada que nos sorprendió. El recorrido fue espectacular, el día amaneció fantástico y compartimos la totalidad del trazado junto a nuestros amigos David y Paco. Llegamos a meta contentísimos después de haber disfrutado mucho. Como es normal, nuestros Arapajoes, ya estaban cambiaditos, sequitos y de cervezas. También muy satisfechos con la carrera. Nos reunimos muchos Qualquieras ese día, y nos hicimos la foto de familia antes de la salida. 543327_10200490371808961_151821807_n meta albuñuelas

Pero me llevé una preocupación a casa. Pensé que en montaña el dolor de mi rodilla no aparecería. Sin embargo, hice los últimos kilómetros bastante fastidiada, sin querer pensarlo, como para evitar el tema, como para que no existiera…Pero ahí estaba y ya sabía que no iba en perfectas condiciones a la gran prueba. Y eso me hacía temerla aún más. Aún así, no había marcha atrás. En siete días estaría en la línea de salida de la Maratón de Málaga, junto a mi querida amiga Paqui. Mi compañera. Igual de loca que yo. Las dos Maripuris allí, convencidas de conseguirlo. Y soñando con ello. Por delante nuestra quedaba una semana de sueños, ilusiones, preocupaciones y preparativos. Y es todo lo que os contaré en el siguiente capítulo. El último de esta historia. Mi personal camino al Maratón, a la prueba reina.

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