9. La Familia y la Maratón

Recuerdo las palabras que un amigo me dijo al anunciar públicamente que iba a correr una maratón. “Ahora sólo te queda convencer a tu familia de que no estás loca; es muy importante que te tomen en serio, que te apoyen en tus entrenamientos, que te regalen sin peros ese tiempo y que aplaudan tus avances. Porque lo duro empieza ahora, los meses previos a la carrera, y el día que la corras, ya sólo será una fiesta“.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Lo cierto es que aquello se me quedó grabado para siempre. Por un lado me asustó. Pensé que igual no tenía muy claro del todo lo que se me venía encima. Pensé que igual no sería capaz de afrontar el entreno que una prueba de este tipo requiere, y sentí miedo al imaginar que no podría soportarlo. Por otro lado me preocupó mucho el papel de la familia en este asunto. ¿Me apoyarían al contarles cual sería mi próximo reto? ¿Cuanto tiempo tendría que robarles durante estos meses? ¿Me lo reprocharían? Soportar tanto esfuerzo físico y no estar tranquila y contenta no sería buena idea. Sabía que lo primordial era tener la mente fuerte y bien centrada en esto, y tener este tipo de inquietudes no favorecería en absoluto a conseguir ese estado de calma que yo perseguía.

Pero en realidad, no tuve que enfrentarme a ninguno de estos problemas. A la primera persona que le dije que había decidido correr una maratón fue a mi padre. Para mí su opinión es fundamental. Es raro que de un paso importante en mi vida sin consultarle. Él además también ha sido bastante deportista y corredor, por tanto podía imaginar perfectamente de lo que se trataba. Lo cierto es que su reacción fue positiva, tal vez con una pizca de preocupación reflejada en su rostro, pero que no iba más allá de pensar en su hija y en el esfuerzo físico que para ella supondría. Recuerdo que me dijo lo que unos meses más tarde yo solita descubriría. “Hay que prepararla físicamente, pero la mente es fundamental en entrenamientos y sobre todo el día de la carrera. De todos modos, se responsable, y si ves que no puedes más, retírate a tiempo, no tienes que demostrar nada a nadie”. 

Aunque sus palabras avivaron más aún mi sentido de responsabilidad respecto a lo que se avecinaba, me calmaron bastante en el sentido de que en ningún momento me dijo que estaba loca ni nada por el estilo, con lo cual, mi idea no sería tan descabellada, no? En cuanto a mi madre no hubo ningún sobresalto. Ella no es muy consciente de las distancias, ni de retos o dificultades…..para ella lo mismo es cuando voy a una carrera de 5 km que de 30. Sólo salgo a correr, a divertirme, y no hay nada de peligro en ello. Mis hermanos confiaban en que podría conseguirlo, aunque el mayor se echaba las manos a la cabeza tan sólo con pensarlo, “que barbaridad, que barabaridad”.                                                                                                                                                                                                                                                                                FAMILIAY llegaba la parte más complicada. Mi marido y mis niñas. Bueno, mis peques poco iban a decir. Sólo sentía el tiempo que les iba a robar y en que su papá se debería quedar con ellas. Pero Charlie es un tío fantástico. Su apoyo es incondicional para todo y siempre. Si dijera lo contrario mentiría. Por supuesto confiaba en que lo iba a conseguir, no tenía la más mínima duda. Sin embargo no olvidó decirme esas palabras mágicas que calman a cualquiera: y si no lo consigues, qué ocurre? yo voy a estar igualmente orgulloso de tí”. Además no vió problema alguno en el tiempo que me llevaría entrenar una maratón. No creía ni que se fuera a notar en casa. Las niñas estarían con su padre, ingeniando un plan u otro para las largas mañanas de los domingos, y entre semana yo me esforzaría en hacerlo todo casi de madrugada para no perderme nada. Así que de repente todo parecía muy fácil. Al menos había obtenido esa tranquilidad que necesitaba mentalmente. Ahora ya estaba completamente preparada para afrontar los entrenamientos, sin peros ni inquietudes. Adelante!

Quedaba poco para la llegada del verano, y con él un periodo de descanso. La única  carrera en la que iba a participar antes de las vacaciones era la de Las Fuerzas Armadas, Las Dos Colinas, en Granada. Tenía especial ilusión en correrla porque no puede desarrollarse en un lugar más espectacular. Alhambra, Albaycín y Sacromonte, se puede pedir más? Es una de esas carreras que llaman “rompepiernas”. Sube y baja, sube y baja, callejuelas estrechas, empedrados y escaleras….pero que bonita es! Fue una carrera muy especial, pues además de hacerla junto a mis amigos David Y Paco, también me acompañó otro gran amigo, Dani, que aprovechando que estaba saliendo de una lesión y quería ir tranquilo, la hizo entera a nuestro ritmo. Para mí fue un placer hacerla con él, pues lo admiro mucho como corredor y como persona. En aquel momento, ninguno de lo dos imaginábamos, que también compartiríamos el gran día en el que yo debutaría como maratoniana.

las dos colinas     las dos colinas1                                                                                                                                                                                                                                   Tras finalizar esta carrera, todos los compañeros que disfrutamos de este deporte juntos nos dispersamos un poco. Las salidas en montaña se paralizan de momento y los entrenamientos se convierten en solitarios, pues con las vacaciones y los niños sin colegio, es más difícil en el tema de los horarios ponernos de acuerdo. Y así  llegó el momento de irme unos días con la familia a disfrutar de la playa y también de la montaña. Necesitaba recargar pilas, y absorverr toda la fuerza y energía que me harían falta para afrontar la temporada que se avecinaba. La idea de la maratón estaba en mente, por lo que aunque iba a descansar bastante, no podía dejar de entrenar absolutamente. Valencia era la elegida y sería en Noviembre. “No queda tanto tiempo como parece”.

Con la ilusión de superar este reto, con la confianza en que Paqui y yo conseguiríamos ser Finisher, y visualizando mi entrada en meta, conseguí la motivación necesaria para entrenar, para salir a correr estuviera donde estuviera y así sentirme orgullosa de mis logros. Y todo ello con mi familia. Lo más importante para asumir toda voluntad y sacrificio que necesita este tipo de esfuerzo mental y físico. A la vuelta de las vacaciones empezamos fuerte, muy fuerte! Os cuento por qué en breve!